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La Cuarta Transformación y la Cuarta Teoría Política: ¿AMLO y el Dasein hacia el tradicionalismo?

2-mexico-president.w710.h473López Obrador celebrates with his supporters in Mexico City after his win on July 1. Photo: PEDRO PARDO/AFP/Getty Images

El ser humano, según Schopenhauer, prescinde del individuo. No es sino la especie en su conjunto el atributo espiritual que modifica la realidad intramundana. De la misma manera en que una abeja interactúa con el panal, reflexionaba el filósofo alemán, así la colectividad impera sobre las contingencias del aislamiento, de las que la muerte es parte y norma: somos voluntad materializada, vida. El anterior planteamiento podría aplicarse a la coyuntura mexicana, la cual aspira a formar nuevos nodos de sentido mundiales sobre las condiciones políticas ante la muerte del neoliberalismo, tan innegable como los fenómenos empíricos de pobreza y decadencia generalizadas.

Desde un punto de vista filosófico, vivimos inmersos en la relativización de la verdad porque la ciencia ha relativizado el tiempo —desde el advenimiento de Albert Einstein,— y el tiempo es, antes que cualquier otra categoría, la idea total que nuestra especie intenta administrar, pues la totalidad del universo es inadmisible e irracional para la mente del hombre. Quien intente comprender el misterio de lo infinito caerá, irremisiblemente, en la locura o el éxtasis místico, del que tampoco es posible dar cuenta y que se somete a las leyes de un silencio profundo.

Ello quiere decir que el fenómeno (ahora concepto) llamado AMLO obedece menos a la impetuosa soberanía nacional que al espíritu humano que se busca a sí mismo en el sentido de reconciliarse con su propia genealogía: la raza humana es lo que está en peligro, y el neoliberalismo radical ha sido la más alta perversión de su naturaleza al despojarlo de la idea de colectividad evolutiva, tanto física como mental, por lo que el espíritu buscará sobrevivir en su especie. Es necesario, por tanto, buscar un nuevo centro de sentido, un logos fundamental en que se apoye la estructura de las relaciones humanas.

Ese logos, creo yo, tiene que ser necesariamente el del tradicionalismo, es decir, el conjunto de relaciones antropológicas que emanan de la condición humana de cada cultura, cada una siempre caracterizable en su fuero interno pero, definitivamente, rigurosa en la conformación del sentido del tiempo, lo cual incluso nos invita a embebernos de los antiguos motivos festivos, apolíneos y dionísacos por igual, y que suelen ser calendarizados de acuerdo a las épocas antropológicas de escasez pero sobretodo de cosecha como en las ancestrales fiestas de la primavera a Démeter y Penélope en Grecia o el culto mexicano a Xipe Tótec.

¿Quién podría dudar que los mexicanos somos expertos en festividades, y más cuando gran parte de ellas se basa sustancialmente en la identidad prehispánica? De esta manera, es posible observar que en el caso de México, la relación entre festividad sagrada y logos no se encuentra lejana, lo cual se circunscribe a la racionalización del tiempo civilizatoria que da origen a la idea de identidad en relación al agente exógeno (enemigo tribal) que las crisis internacionales representen en la actualización semiología de sus representantes.

Esto quiere decir que el innegable fenómeno de la desglobalización será más radical en los países de mayor folklor y de vivientes tradiciones sagradas. México es un país místico, y es de esperarse que, al margen de las votaciones y del triunfo del nacionalista López Obrador, las consecuencias de volver soberana la voluntad popular ni siquiera sean aún avizoradas por mucho que el contexto de corto plazo que las envuelve parezca dotarlas de concreción.

Lo cierto es que es muy difícil conocer las consecuencias de nuestros actos en el largo plazo. Platón llamaba a esto “lo justo”, pues implica un cálculo o una geometría temporal de los grandes y pequeños acontecimientos. Lutero jamás pudo haber pensado en las devastadoras consecuencias desestabilizadoras de la Reforma ni el mismo Einstein sobre las que la investigación del concepto de energía traerían para el desarrollo de la bomba atómica. Podría incluso afirmar que AMLO no es consciente de la búsqueda existencial y vitalicia que se gesta en el país, ya no en forma de nación sino de continente geomitológico (debido a que el mexicanismo que lo cobija es de origen cosmogónico y le precede), lo cual nos invita a pensar las limitaciones tanto del concepto material y sincrónico de Estado moderno como del de secularización. Por otra parte, el filósofo ruso Alexandr Dugin ha referido en su Cuarta Teoría Política, que el dasein heideggeriano es el sujeto histórico del sistema ideológico que superará al liberalismo, al fascismo y al comunismo.

En realidad ese dasein se refiere a la investigación de la naturaleza humana, la cual podría inaugurarse con la pregunta ¿qué significa ser humano? Son peligrosas, por otra parte, todas aquellas filosofías deconstructivistas que amenazan la resolución de esa pregunta al nulificar, primerísimamente, la existencia de la significación o de la verdad, por lo que estamos ante una aporía metodológica pues la capacidad de responder algo verdadero implica que sea respondido por un ser humano. La inteligencia artificial traerá, por lo tanto, devastadoras consecuencias en la definición misma de humanidad.

El dasein, entonces, el estar aquí o allá en el mundo, el estar existencial que conceptualiza Dugin, refiere la necesidad imperativa y radical de examinar las tradiciones, pues a partir de ellas se recodifica el sentido de una sociedad ante el caos que el capitalismo financiero radical ha sembrado. Por eso el nacionalismo/tradicionalismo puede ser la única respuesta natural ante el awakening de la especie humana. Las festividades son resultado de la idea de identidad colectiva, y aquellas lo son a su vez de una administración astronómica y vitalicia del tiempo.

La revolución política, por lo tanto, es cósmica y trasciende la voluntad local del individualismo. Nuestra obligación como humanidad es perdurar en el tiempo. El pasado 1 de julio México ha vivido uno de sus acontecimientos históricos más importantes desde su fundación en Tenochtitlan, si entendemos la lógica mítica que subyace al fenómeno del mexicanismo que le dio la victoria al candidato de la contrahegemonía. Falta saber, también, hasta qué punto MORENA logrará ser la oposición que del movimiento se espera, y en qué plazos pueda concretarse, mutatis mutandi, el Estado benefactor cuya voz ha sido silenciada por la monarquía de la usura y del capital deshumanizantes.

-Miguel Ángel Cabrera

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