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Archivo de la etiqueta: Atenas

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Hoy en día la popularidad de la democracia es relativamente alta en comparación con otras formas de gobierno aunque no por ello se le atribuya un carácter necesariamente positivo en todos los casos. También la popularidad de la democracia ateniense es alta en los diversos estratos que conforman la sociedad, aunque evidentemente también existen personas que no la conocen. En ambos casos, me parece importante señalar los orígenes de la democracia pues la alta estima que se le tiene impide ver su origen, colocándola en un alto pedestal idílico. Esto no significa que la democracia no sea una forma de gobierno novedosa y relativamente efectiva en su tiempo, sino que me parece necesario señalar fuertes debilidades estructurales que se  adecúan al contexto en el que se le aplique.

En la antigua Grecia clásica, la diversidad de ciudades-estado antes de las guerras médicas, apuntaría a una división social que se reflejaría en un inexistente nacionalismo griego donde cada polis defendía estrictamente su soberanía de todas las demás y donde el destacamiento de alguna de ellas podría poner en riesgo la libertad de las demás al ser en posibilidad una potencia hegemónica por lo que las ciudades se encontraban en constante estado de guerra unas con otras. Ahora bien, este estado ‘igualitario’ no se pudo sostener e invariablemente Atenas comenzó a destacar entre todas las demás por lo que pudo imponer regulacionesa las demás polis. En el interior de Atenas, empezó a existir una creciente desigualdad dada la expansión económica de la misma, lo cual ponía la mayoría de la riqueza en manos de unas cuantas personas que para variar, eran las que gobernaban aristocrática y oligárquicamente la ciudad. Esta situación se extendió a tal grado, que puso en jaque la estabilidad de la ciudad al punto de casi llevarlos a una guerra civil, por lo que se le encomendó a Solón poner un remedio al problema.

Ahora bien, la disputa era principalmente entre la mayoría de agricultores y la minoría de acaudalados comerciantes, políticos y demás sociedades oligárquicas pues los primeros necesitaban la devolución de sus tierras que habían sido expropiadas por los comerciantes como pagos de préstamos (también se llegaba a pagar con personas) y los segundos, la clase terrateniente, con ayuda política del areópago evidentemente no tenían intenciones de cambiar el imperante status quo de la época. Ante esta situación, Solón propuso la eunomía (buen gobierno), término que se extiende más allá de su acepción política hacia una óptima forma de vida, como ideología para poder mediar el problema aunado a una serie de leyes democráticas caracterizadas por la representacion política de las diversas clases sociales. Así, regidos por el principio de la eunomía y con una democracia representativa, Atenas empezaba a despuntar como una ciudad ‘ejemplar’.

Sin embargo, la interrupción en el sistema por la tiranía de Pisístrato fue un paréntesis en la democracia ateniense, por lo que no fue sino hasta la caída de Pisístrato y de sus dos hijos Hipias e Hiparco, que la democracia ateniense volvería a aplicarse aunque ello no implica una efectividad en lo mismo. De esta forma, la organización permitía que una facción de la democracia se organizara fácilmente y se sublevara, pudiendo poner en riesgo a la democracia y favorecer el regreso de la tiranía por lo que Clístenes ideó una nueva forma de organizar la democracia, que reza de la siguiente forma:

Caracterizó la política de Clístenes su renuncia a establecer el antiguo orden. Lo que él creó con la aprobación del pueblo ateniense…fue la base de un nuevo estado ateniense cuyo principio rector había de ser la isonomía, esto es, la igualdad de los ciudadanos ante la ley. Aunque hasta entonces la nobleza (los eupátridas), con sus poderosos seguidores, había decidido la historia de Atenas, esto cambió ahora por completo. Mediante una nueva división de la población ática, Clístenes rompió las antiguas alianzas de familias, despojándolas, en esta forma, de su importancia política; únicamente subsistieron las antiguas phylai (tribus) como asociaciones para el culto. Clístenes dividió el territorio ático, incluida la ciudad de Atenas en tres zonas, esto es, la ciudad (asty), la costa (paralia) y el interior (mesogeia), y a cada una de estas zonas, a su vez, en diez unidades, los tercios (trittyes). Un tercio de cada una de las zonas se agrupaba para formar una nueva tribu (phylé). En esto no jugaba papel alguno la distinta situación geográfica de los tercios y, al parecer, las nuevas tribus territoriales se constituyeron echando suertes y recibieron nombres de héroes áticos. En adelante, el ciudadano ático se nombraba según la tribu a que pertenecía. La nueva división era tan artificiosa que difícilmente se puede imaginar un modelo contemporáneo. Sólo pudo haber sido concebida por la mente de un individuo decidido a alcanzar su objetivo político a cualquier precio, y este objetivo no era otro que la creación de la nación ática, que en adelante aparece como un solo cuerpo, dividido en diez  tribus,  treinta tercios y aproximadamente cien comunidades (demos)…

Como órgano ejecutivo creó Clístenes un consejo de 500 miembros, que pasó a ocupar el lugar del antiguo consejo de Solón. Cada tribu proporcionaba 50 miembros y, de éstos, cada comunidad (demo) un número de consejeros correspondiente al número de sus habitantes. Con objeto de capacitar al consejo (Bulé) para la acción, se dividió en 10 secciones, según las diversas tribus, cada una de las cuales había de dirigir los asuntos del estado durante una décima parte del año. No cabe duda que Clístenes hubo de estar muy acertado en la constitución del consejo. Por vez primera en la historia de Atenas tenemos aquí convertida en realidad, en un órgano político importante, la idea  de la representación del pueblo ático y en una forma que cabe designar tanto de modélica como de nueva.

Para evitar de una vez por todas el retorno de la tiranía, Clístenes creo la institución del ostracismo (juicio de las tejuelas). Cada año en la asamblea popular de ciudadanos (ecclesia) se preguntaba si había que celebrar o no un ostracismo. Si se reunían 6000 votos en favor de la celebración, entonces el ciudadano que había reunido el mayor número de votos había de dejar Atenas durante diez años, pero sin sufrir, por lo demás, daño alguno de sus bienes. En forma sorprendente, el primer ostracismo sólo tuvo lugar el año 487, de modo que por espacio de veinte años enteros el pueblo ático no se había sentido amenazado por tiranía alguna.” [1]

Por supuesto que esta forma de racionalización en la participación política tuvo grandes defectos, entre ellos la ejecución de Sócrates, evento con el cual Platón se desencantaría por completo de la democracia pues en mucho, la democracia se basaba en los supuestos de que los ciudadanos se encontraban bien informados y tenían un mínimo juicio político lo cual no era necesariamente cierto en todos los casos. Históricamente se considera a la democracia como un gran adelanto retomado hasta la modernidad en cuyo caso, es el principio rector de las sociedades tanto modernas como posmodernas, aunque pareciera ser que en esta última, la democracia necesita repensarse en más de una arista porque si bien es sabido el éxito de alguna novedad tanto política como científica o cultural, también lo es el hecho de que en esta caso, las instituciones políticas no perduran para siempre en ese estado genético e idílico que los dio a la luz, sino que la variable de la desigualdad enmarca profundamente la continuidad del status quo en este caso, de la democracia.

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[1] Bengtson, Hermann (compilador). Historia Universal Siglo XXI: Griegos y persas, el mundo mediterráneo en la edad antigua. págs. 26-28. Siglo XXI, México 2006

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Para el martes musical, les dejo un video de uno de mis proyectos favoritos de música electrónica. Se trata del trío inglés Above & Beyond que junto con Justine Suissa conforman Oceanlab. Recientemente sacaron una nueva versión de su disco de estudio ‘Sirens of the Sea’ el cual refresca la versión original. En el video, se anuncia el preview de dicho material. Espero sea de su agrado.

PartenónMe parece ingente la dimensión del tema que pretendo desarrollar en los martes de Historia al respecto del desenvolvimiento del los hechos políticos, sociales, culturales y filosóficos que han marcado la visión histórica de la humanidad. Al respecto, he decidido escribir apuntes semanales que expongan con sencillez, mayor detenimiento y claridad el curso de los acontencimientos y a su vez comentarlos no en una visión exclusivamente de retrospectiva, sino siempre en relación con los acontencimientos actuales. Con un poco de esfuerzo, para esta semana estará listo el primer apunte que por supuesto podrán descargar gratuitamente desde este blog, en una sección especial que tendrá por nombre ‘apuntes históricos’, misma que encontrarán a un costado de la página principal de esta parcela virtual.

Hablar sobre el legado de la cultura helénica y del período helenístico es adentrarnos en un mundo que ha sido recorrido no pocas veces por bastantes pensadores desde hace ya considerable tiempo, así que estas ‘entradas de blog’ serán una especie de ‘abstract’ o resumen con consideraciones informales e ideas al aire sobre los tópicos históricos. Pero no por ello estamos censurados de reconsiderar el legado helénico pues de esta cultura se desprende la visión occidental del mundo, que me parece un punto de partida unitario del cual surgen a su tiempo y de forma especializada en cada caso, los distintos ramos del saber. ¿Cómo podríamos desdeñar la organización y el pensamiento político de la cultura helénica? La polis griega es el  fundamento de las principales corrientes modernas de la democracia, por lo que no es casualidad que hoy en día la democracia, pese a su distinto abordaje en relación con el contexto social, sea objeto de análisis en cuanto racionalización de los agentes políticos que interactuan en un Estado, siempre en el marco de inspiración o gestación helénica. Claro que la actual visión de la democracia no es el modelo de Estado por excelencia pues siempre el papel de la crítica hará énfasis sobre la necesidad de equivocidad aparentemente inherente al pensamiento de corte racional, por lo que es nuestro deber no por obligación sino por compromiso social en cuanto humanismo, ampliar nuestro espectro a la diversidad del pensamiento y de las propuestas de estructuras sociales que se nos puedan presentar siempre conscientes del factor humano que tiende a banalizar los principios de gestación de las ideas.

Si consideramos un poco el perído del auge de Grecia, nos remitimos hacia los Siglos V y IV a.C. donde ocurrió una síntesis antropológica, económica, política y filosófica del desarrollo de la humanidad. Pero entender aisladamente la edad de oro de una ciudad como Atenas, es ahogar la gestación de nuestra opinión personal, como de la conciencia de los problemas humanos que se han presentado básicamente desde siempre pero en diferente proporción. Así, es necesario entender la génesis de la democracia ateniense como la adaptación al cambio de una sociedad que enfrentaba una marcada desigualdad entre sus habitantes, unos ricos y otros pobres y esclavos, por lo que las reformas de Solón y Clístenes son de crucial importancia en la resolución de tales dilemas que acercaron a Atenas a la guerra civil. Aquí podemos apreciar que la desigualdad (económica y social) ha sido una carga natural que la sociedad ha tratado en varios contextos. También, hemos de saber que la prosperidad intelectual de Atenas y Grecia en general se ha debido a una fuerte tradición oral dentro del marco homérico pues aunque las diversas ciudades-estado se encontraban aisladas unas de otras, la empatía hacia sus iguales se encarnaba en la estrecha relación determinada por las obras clásicas de La Ilíada y La Odisea.

De esta forma, la llamada eunomía (orden, buen gobierno), se legitima en una tradición de origen común que poco a poco desarrolla las ideas e instituciones que dieron tanto prestigio a la cultura helénica, mucho en parte por su propia iniciativa, así como por el peligro latente que representaba el imperio Persa a la aparantemente frágil Grecia. Sin duda que debemos mucho a los griegos, pero nos equivocaríamos si pretendemos asumirles un carácter universal e inequívoco en exclusión de las demás culturas. La guerra del Peloponeso es un ejemplo de la sobreadmiración de una sociedad  a sí misma (Atenas) que termina por decaer, sacrificando parte de su idílico conocimiento virtuoso, cívico, razonado, bello, perfecto, a las necesidades naturalmente dionisiacas y de necesidad bélica como agente legitimador del poder político. En este punto es donde se inserta la teleología de la tragedia griega, cuya exposición va de la mano del desarrollo crítico de Platón para su propia sociedad al calificarla de injusta y proponer un modelo de sociedad ideal.

No podemos negar los grandes avances de la cultura griega y tratar de clasificar dogmáticamente sería caer en el error de relegar a la razón la nada fácil tarea de comprender la diversidad y las cuestiones de vida y pasiones que se nos presentan no únicamente como razón en sí, sino como experiencia a la vez que apolinea, dionisiaca en su sentido de imperfección. A su vez como celebramos sus aportes a las matemáticas, la arquitectura, la organización política, el arte y el pensamiento en general, también reconocemos la imposibilidad de un ser exclusivamente estático y perfecto, pero no por ello negamos del todo la posibilidad del orden y la armonía en las expresiones fenoménicas de la sociedad, sino que únicamente interiorizamos que bajo ciertas circustancias, el hombre es capaz de saberse razón en sí y buscar la apoteosis, la forma idílica, la belleza y la perfección, cuestiones nada desdeñables en la particularidad pero que con reservas pueden aplicarse a cierta generalidad.

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Para este martes musical, les anexo el video de uno de mis conciertos favoritos para piano de Mozart, a saber, Piano Concerto No. 21 in C, K 467 – 1. Allegro Maestoso, que corresponde al primero de tres movimientos. Bastante alegre, ameno, diría que incluso divertido y oportuno para una noche tranquila o para cuando necesiten tranquilizar un poco vuestro espíritu.