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Sómacles

Review

`Review from previous edition The scope of this book is vast…The strength of the book is that it provides a clear, non-technical account of some of the most important recent developments in economic theory, which many readers will find informative…Though many conclusions reached by Screpanti and Zamagni are controversial, the book makes a stimulating read and provides a useful addition to the literature on this subject.’ Times Higher Educational Supplement, October 1993

`Screpanti and Zamagni develop a thorough, informative and interesting narrative of the history of economic theory.’ Choice, November 1993

Product Description

This book provides a comprehensive overview of the development of economics from its beginnings, at the end of the Middle Ages, up to contemporary developments. It is strong on contemporary theory, providing extensive coverage of the twentieth century, particularly since the Second World War. The second edition has been revised and updated to take account of new developments in economic thought.

Language Notes

Text: English (translation)
Original Language: Italian –This text refers to an out of print or unavailable edition of this title.

About the Author

Ernesto Screpanti studied Sociology at the University of Trento (Italy) and Economics at the University of Cambridge. He has taught economics in various Italian universities and, at present, is teaching at the University of Siena. He was a member of the Steering Committees of the EAEPE and the AISSEC. He publishes extensively on labour economics, institutional economics and the history of economic thought.
Stefano Zamagni studied Economics at the Catholic University in Milan and then at the University of Oxford with John Hicks. He holds the chair of Economics in the University of Bologna; he is adjunct professor of Public Sector Economics at the Johns Hopkins University, Bologna Center, and visiting professor of History of Economic Thought at Bocconi University, Milan. He was a member of the executive committee of International Economic Association (1989-1999) and Vice President of the Italian Economic Association. He publishes on consumer theory, capital theory, institutional economics, history of economic thought.

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Dialéctica de la Ilustración es una obra escrita por Theodor Adorno y Max Horkheimer, ambos autores dedicados a la llamada Teoría crítica, corriente comprometida con un compromiso social emancipatorio de las estructuras establecidas en la sociedad moderna. En sus páginas encontraremos un análisis crítico de la cultura de masas y del fascismo al mismo tiempo que se vincula el concepto de Razón con el sistema social moderno. Para entender esta obra es necesario hacer referencia a la Ilustración e Iluminismo. Esta obra, contextualizada en 1944 circulará de manera underground durante los años 50 y 60, convirtiéndose, sin embargo, en un texto de cabecera. La propuesta central del libro será la defensa de que el Holocausto no es un acontecimiento puntual sino una consecuencia ideológica de la forma en la que está constituido el Imperio de Occidente. También hay que reflexionar sobre el hecho de que ambos filósofos no sostienen en absoluto la idea de que nuestra sociedad sólo sea capaz de generar sistemas totalitarios. Desde este punto de vista la Teoría Crítica debería impulsar un cambio social.

Fuente original: Wikipedia

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La dialéctica de la Ilustración

La dialéctica de la Ilustración es una filosofía de la historia que opera como fundamento de la Teoría Crítica. Horkheimer y Adorno se preguntan por qué la humanidad en lugar de entrar en un estado verdaderamente humano, desembocó en una especie de barbarie. La respuesta a este interrogante se revela en el triunfo de una nueva forma de racionalidad (antes estudiada por Max Weber) que recibirá deferentes denominaciones: subjetiva, instrumental (Horkheimer); subjetiva o identificadora (Adorno), unidimensional (Marcuse); instrumental o estratégica (Habermas).

El esfuerzo humano por dominar la naturaleza (que incluye al hombre mismo) es el rasgo central de la historia de la ilustración. Esta idea, revisa el postulado marxista que coloca a la lucha de clases como el motor de la historia. Para los teóricos críticos, animará la historia el conflicto hombre naturaleza enfrentado como sujeto-objeto. En este esfuerzo fue que la humanidad le otorgó el triunfo a la razón subjetiva o instrumental, es decir, una forma de racionalidad que sol busca que los medios se adecuen a los intereses subjetivos de la autoconservación.

La racionalidad subjetiva, atiende exclusivamente a los medios, pero no a los fines. Porque éstos se consideran indiferentes y su elección obedece a predilecciones irracionales. La razón subjetiva es tan solo un instrumento ya que no es utilizada para juzgar los actos y el modo de vivir del hombre. Entonces, la razón, en vez de liberar ha conducido al hombre la barbarie: la naturaleza (incluso la humana) se ha “cosificado”. Dominar la naturaleza es pues, un fín en sí mismo.

Horkheimer dirá que la ilustración reprimió y olvidó a la razón objetiva, es decir, una racionalidad inherente a la realidad en sí misma que permitía la determinación de fines e ideales de por sí deseables. Pero más tarde, opinará que en relaidad, no se trata de tomar partido por una de las formas de racionalidad ya que ambas conducen a excesos. La razón objetiva conduce a la afirmación de valores ilusorios y a crear ideologías reaccionarias… la razón subjetiva, desembocará en un materialismo vulgar e incluso, la barbarie de la dominación. La autocrítica de la razón debería apuntar a superar las limitaciones de ambos extremos en una síntesis dialéctica.

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El ser y el acontecimiento apareció en francés hace más o menos diez años. Cuando hoy en día me pregunto qué es lo que pienso de mi propio libro, la respuesta que me puedo dar es orgullosa y humilde a la vez. Es orgullosa porque aún estoy absolutamente convencido de la solidez de las intuiciones fundamentales de este libro. No sólo pienso que las cuestiones que aquí se tratan –la ontología de lo múltiple azaroso, la teoría del acontecimiento como sumplemento azaroso, la esencia de la verdad como procedimiento genérico, el sujeto como fragmento local de una verad, el retorno a la verdad sobre el saber a través de un forzaimento– están argumentadas y son válidas, sino también que su examen y transformación por parte de mis contemporáneos apenas comienza. Se puede decir que todavía significa un importante avance en el pensamiento respecto de la media de mi época.

Pero mi respuesta es también humilde, puesto que soy consciente de las insuficiencias que persisten en la exposición sintética de mi filosofía, que este libro presenta. Es preciso decir que en el tiempo transcurrido desde su aparición, he tenido muchas ocasiones de evaluar sus debilidades. Sabemos que las lagunas de un dispositivo de pensamiento se ven menos en el estudio directo de su composición que cuando nos esforzamos en extraer sus consecuencias. En una seria de ensayos más breves me he ocupado de utilzar El ser y el acontecimiento como un reservorio de conceptos y métodos de pensamiento para la investigación de múltiples dominios particulares. Lo hice en relación con las normas del compromiso subjetivo en un procedimiento de verdad (l´Etique, 1994; Saint Paul, 1997); con diversas partes del pensamiento ontológico –es decir, matemático– (le Nombre et les nombres, 1991); con algunos aspectos de la teoría psicoanalítica (Conditions, 1992); con cuestiones referidas a la política (Abregé de métapolitique, 1998); o al procedimiento artístico (Petit manuel d´inesthétique, 1998). También he intentado precisar mi concepción de la filosofía, ya sea de manera directa (Conditions, otra vez), o bien por la mise en scéne del contraste con uno de mis grandes colegas (Deleuze, 1997).

El resultado de este trabajo multiforme fue señalar tres grandes transformaciones necesarias para adecuar mi teoría a los requerimientos del mundo contemporáneo y lo que él exige del pensamiento. Puesto que la filosofía es, en última instancia, un recurso más para intervenir en lo real. existe legítimamente sólo para fortalecer la potencia del espíritu sobre la materia, la afición de la voluntad, la certeza de que el tratamiento de los posibles por el pensamiento forma una unidad con su advenimiento. Se trata de despreciar lo que hay, en nombre de lo que puede haber. Se trata de preferir cualquier verdad a las enciclopedias de saber. Seguramente, la carga polémica de mi filosofía es más viva en este punto. No estamos en el consenso académico. Cualquiera que trabaje para la perpetuación del mundo que hoy nos rodea, aunque fuera bajo el nombre de filosofía, es un adversario, y debe ser conceptuado como tal. No podemos tener la menor consideración para aquellos cuya cuya sofisticación sirve para legitimar –bajo los vocablos gastados e inconsistentes de <<el hombre>> y de sus <<derechos>>– el orden capital-parlamentario, hasta en sus expediciones neocoloniales. Pero la guerra especulativa y el derecho que se conceda a cambiar los conceptos por municiones, implica saber exigir de uno mismo una constante transformación de la propuesta filosófica y de sus categorías fundadoras, a riesgo de pensar a menudo –como decía mi viejo maestro Sartre– contra uno mismo.

Por lo tanto, tres puntos en litigio.

1. En el pensamiento del ser en tanto ser, es preciso aceptar que el múltiple puro, al estar presentado ahí, siempre localizado (en el sentido literal de <<Dasein>>), se encuentra afectado de lo que llamo su aparecer, cuya lógica es muy importante pensar desde el interior de la matemática de lo múltiple. Esto conduce a importantes reordenamientos del concepto de situación, que es –como el lector lo verá– el primer concepto del libro.

2. La doctrina del acontecimiento está marcada por una dificultad interna, enunciada de manera práctica en su misma exposición: si el acontecimiento subsiste sólo porque ha sido objeto de una nominación ¿no hay en realidad dos acontecimientos (el múltiple supernumerario, por un lado, y su nominación por otro)? Además, si el que nombra el acontecimiento es un sujeto, no se puede sostener –como sin embargo se dice– que el sujeto es un fragmento local del procedimiento de verdad. Habría un sujeto originario, o del acontecimiento, que produce el hombre.

Para superar esa dificultad, es necesario complicar un poco el concepto de acontecimiento, dotándolo de una lógica (el acontecimiento es desprendimiento inmediato de una primera consecuencia, tiene una estructura implicativa) y no sólo de una ontología (el acontecimiento es un múltiple in-fundado). A su vez, esa lógica esclarecerá la potencia propiamente temporal del acontecimiento, la capacidad para engendrar un tiempo propio, que si bien es cierto que es mencionado en el presente libro, no fue objeto de ningún desarrollo significativo.

3. La teoría del sujeto es unilateral, en la medida en que identifica de manera absoluta <<sujeto>> y <<sujeto de una verdad>> en la dimensión positiva de esta identificación. Pero es evidente que en una secuencia post-acontecimiento surgen nuevas formas subjetivas reactivas. Por ejemplo, a una política revolucionaria siempre se oponen formas inéditas de la contrarevolución. Es preciso entonces extender el concepto de sujeto a la novedad reactiva y no limitarlo a la estricta fidelidad, creadora de verdad genérica. Dicho de otra manera, tenía la obligación de forjar los conceptos necesarios para pensar las novedades negativas. Y en mayor medida porque, a decir verdad, en los años ochenta y noventa hemos sido particularmente bien servidos en cuanto a inventiva reaccionaria, y en todos los campos.

Por este motivo he planteado que un acontecimiento abre un espacio subjetivo que se <<puebla>> de tres figuras posibles (además del sujeto fiel, hay un sujeto reactivo y un sujeto oscuro). Asimismo, he establecido qué son las operaciones de un sujeto, las cuales en este libro son todas reducidas únicamente a la indagación. Por lo tanto no sólo tenemos una teoría de la fidelidad (que es en realidad, creación de las consecuencias del acontecimiento, o creación del presente), sino también de la reacción (creación del pasado), de la obliteración (anulación del presente) y de la resurrección (reactivación futura de un presente).

Que quede claro, Sólo hay dos indicaciones extremadamente sumarias sobre lo que es un considerable work in progress. He realizado una suerte de diario de este movimiento teórico en mi libro Court traité d´Ontologie transitoire (Seuil, 1998). Este trabajo tiene como base un seminario de diez años sobre la infraestructura matemática de la reorganización de la teoría del ser (alrededor de la teoría de las Categorías y, en especial, del topos de los H-conjuntos) y otro, de diez años también, sobre la teoría axiomática del sujeto. Me parece que lo esencial de la rectificación está concluido. Queda consignar su arquitectura general y desplegar sus efectos, sobre todo, del lado del análisis formal de los procedimientos de verdad (arte, política, ciencia y amor). Éste va a ser el tema de una continuación del presente volumen, cuyo título será, probablemente, Etre, apparaître, vérités [Ser, aparecer, verdades].

Así las cosas, mi imperativo personal es ser fiel a las direcciones fundamentales de pensamiento trazadas en El ser y el acontecimiento. En él se establece que toda fidelidad verdadera es una invención, pero además, que también depende de la fecundidad del azar.

Entre esos maravillosos azares que hacen que valga la pena dedicar la vida a las verdades, quiero mencionar el encuentro, hace ya muchos años, con Raúl Cerdeiras y luego con sus amigos argentinos. En la época de aquel encuentro, y más allá de la camaradería política y de lo que sólo es capaz la prodigalidad del amor, yo estaba muy solo y golpeado por la opinión dominante, en un verdadero destierro. Pero el valor para continuar una obra no viene solo. Se alimenta, precisamente, de encuentros que justifican su perseverancia. En este sentido, como lo es una amistad que comparte el pensamiento, Raúl Cedeiras es desde hace años una condición subjetiva implícita de todas mis obras filosóficas. Dirigiendo la traducción de este libro entra en el corazón mismo de su existencia pública. Puedo decir, muy simplemente, a Raúl, a sus amigos y al mundo entero, que estoy feliz. Con esa dicha que sólo da la co-pertenencia a una verdad y que es la misma que Spinoza llamaba, así lo creo, <<beatitud>>.

Alain Badiou, septiembre de 1999

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Del libro:  Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento; trad. Raúl J. Cerdeiras, Alejandro A. Cerletti, Nilda Prados. Manantial, Argentina 1999.

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Synopses & Reviews

Publisher Comments:

Perhaps the most important work of philosophy written in the twentieth century, “Tractatus Logico-Philosophicus” was the only philosophical work that Ludwig Wittgenstein published during his lifetime. Written in short, carefully numbered paragraphs of extreme brilliance, it captured the imagination of a generation of philosophers. For Wittgenstein, logic was something we use to conquer a reality which is in itself both elusive and unobtainable. He famously summarized the book in the following words: ‘What can be said at all can be said clearly; and what we cannot talk about we must pass over in silence.’ David Pears and Brian McGuinness received the highest praise for their meticulous translation. The work is prefaced by Bertrand Russell’s original introduction to the first English edition.

Synopsis:

Perhaps the most important work of philosophy written in the 20th century, “Tractatus Logico-Philosophicus” was the only philosophical work that Ludwig Wittgenstein published during his lifetime.

Product Details

ISBN:
9780415254083
Author:
Wittgenstein, Ludwig
Author:
Pears, David Francis
Author:
Wittgenstein
Author:
Wittgenstein, Lu
Author:
McGuinness, Brian
Publisher:
Routledge
Location:
London
Subject:
Philosophy
Subject:
Logic, symbolic and mathematical
Subject:
Language and languages
Subject:
History & Surveys – Modern
Subject:
Language and languages — Philosophy.
Copyright:
2001
Edition Number:
2
Edition Description:
Paperback
Series:
Routledge Classics
Series Volume:
no. 183
Publication Date:
June 2001
Binding:
Paperback
Language:
English
Illustrations:
Yes
Pages:
144
Dimensions:
7.74×5.10x.43 in. .36 lbs.

Theodore Géricault – La balsa de la medusa

Un montaje innominado, laboratorio de ensoñaciones donde taumaturgos se confrontan al fardo de la desesperación. Tras el velo de la ignorancia, visillo del oprobio, los espectadores toman sus asientos posando sus miradas en un oscuro proscenio que se convertiría, minutos más tarde, en la reencarnación del cuadro de Géricault, ‘La balsa de la medusa’. O por lo menos esa ha sido mi impresión. Allá afuera en avenida Reforma, escenario de fulleros anónimos que birlan la esperanza y escandilan al ajeno, la tierra tiembla y un gusano subterráneo muestra su acerada dentadura con orgullo necrológico. Las personas son escupidas de su interior como sombras que se deslizan entre candilejas eléctricas buscando acuciar el fin de su existencia. Afortunadamente mi pequeña caja ruidosa de metal aperlado me permite recrear el humus personal de la experiencia citadina escuchando a tal o cual idiota en la radio, mi destino: El Galeón.

Lejos del fratricidio humano, separado por la mampara del arte escénico, fui testigo de la exhumación del espíritu shakespeariano en la obra ‘Tempestad’, interesante amalgama de diálogos, danza, expresión corporal. Era un menhir levantado a la risible naturaleza humana, un mordaz acto de escarceo crítico, una tórrida muestra de excitación espiritual. Una mano se levantaba y entre cuerdas, lluvia y relámpagos penetró en el tórax del cuerpo inconsciente tomando el corazón y estrujando sus arterias y cortando los vínculos de la razón. Psicosis, neurastenia sin perdón. Un canto melancólico réquiem de la barca, in crescendo aumentaba y en silencio terminaba. Convertirnos en aire y volar hacia el firmamento donde el fulgor de las estrellas en ceniza nos espera. ¿Qué es la magia? El sueño de Próspero, la posibilidad de la existencia, una venganza consumada una naturaleza exhibida. Un llamado, una palabra, un recordatorio en memoria cristalizada. Un cadáver, un resultado, una cabeza mutilada. Una tempestad no anunciada, una crónica que languidece. Es magia, es mohína, es vivir que no aparece.

Y al final es el recuerdo del destete humano. Un navío abandonado a su suerte, solitario y sin camino. Un urente sentimiento, emesis de la locura. Una vez terminada la obra y mientras me encontraba de pie en el foyer del teatro, me preguntaba si acaso la teleología pudo haber sido heraclitiana, un auténtico devenir entre contrarios. ¿Qué es lo que sucede una vez pasada la tempestad? Inevitable consecuencia del determinismo antropológico. Es mi intención recoger los cuerpos estragados por la furia de Neptuno, expurgarlos de culpa y reanimarlos, insuflarles vida. Sin duda una labor supernumeraria. En ese momento te eché de menos. Taciturno, caminé de regreso a mi caja de metal andante, desembragué y me dirigí a la profundidad de la noche iluminada. Naufragaba por la costa de los sueños.