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Archivos Mensuales: abril 2012


Presentación a Mariana

“¿Qué es la pureza? En nuestra época ¿se puede hablar de pureza?”, le preguntó a Inés Arredondo Margarita García Flores, en una entrevista que le hizo en 1965, cuando apareció La señal (Ediciones Era), y la escritora, pensando expresamente (según dijo) en Mariana —el cuento que ha elegido para esta serie de Material de Lectura— contestó: “¡Ay!… Algo que es quizá un pecado terrible, pero más hermoso que la belleza, o una fuerza que puede, llevada a unos términos heroicos, redimir. En mis cuentos nadie llega a esos términos. Déjame pensar algo más coherente… es aquello que únicamente puede arder. ¿En nuestra época? Ha tomado claramente su fase demoníaca y prohíja, por ejemplo, la incomunicación, con todo lo que eso arrastra, la mitificación de personajes ambiguos pero intocables, ángeles caídos, como James Dean, la falta de relaciones amorosas verdaderas (hablo por lo menos de la literatura), etcétera, etcétera. Esa sensación de aislamiento, de no poder, querer o deber ser tocado realmente, aunque se viva por las carreteras o en los prostíbulos, puede ser también pureza, que al no arder, se corrompe a sí misma”. “Encarnizándose —ella lo dice también, precisamente en una línea de Mariana— impúdicamente en las historias ajenas”, se da a relatar con angustia total la perdición de la Pareja, que pudo habitar” algo muy parecido al ParaísoTerrenal”, pero que en cambio encontró ese momento eterno que es la locura y vio a la muerte a los ojos. En este relato intensísimo analiza Inés Arredondo la pasión destructiva, la “necesidad inacabable de posesión” que puede, paradójicamente, buscar al amado en el cuerpo de otros por (precisamente) ¡fidelidad! En la carne encontraba Fernando, en la carne de Marianadescanso y ternura —son sus palabras—, con la alegría, la fuerza, la salud del animal. Sólo él la tocó realmente, y ser tocada de esa manera inútilmente lo buscó ella luego que a él lo encerraron en el manicomio, por los incontables tipos a que se entregó siempre de paso, hasta que dio con el viajeroAnselmo Pineda, en verdad simple víctima instrumental, deus ex maquina de quien obtuvo su muerte, la que no pudo darle Fernando en el estero de Dautillos.

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El hecho es el siguiente: he regresado después de la costumbre vaga de algunos meses. Y algunos temas no son menos novedosos que la entrada actual. A propósito de lo anterior tenemos un ejemplo en Georges Bataille, hombre de cultura amplia pero de un inevitable patetismo literario, y que es el autor de las siguientes líneas.

El objeto de la contemplación, al volverse igual a nada (los cristianos dicen igual a Dios), parece incluso igual al sujeto que contempla. Ya no hay diferencias en ningún punto: imposible situar una distancia, el sujeto perdido en la presencia indistinta e ilimitada del universo y de sí mismo deja de pertenecer al desarrollo sensible del tiempo. Está absorto en el instante que se eterniza. Aparentemente de forma definitiva, ya sin apego al porvenir o al pasado, está en el instante, y sólo el instante es eternidad.

A partir de esta consideración, la relación de la sensualidad con la experiencia mística sería la de una torpe tentativa de realización: convendría olvidarse de lo que, en definitiva, no es más que un error en la vía por la que el espíritu accede a la soberanía.
No obstante, el principio que consiste en olvidar para el estado místico la sensualidad es, a mi modo de ver, discutible. Sólo mencionaré de pasada el hecho de que el misticismo musulmán -el de los sufíes- pudiera hacer coincidir la contemplación y la vía del matrimonio. Tenemos que lamentar que el libro de los carmelitas no lo mencione.

Georges Bataille, El erotismo, Tusquets, p.254.