Kafka y la historia


Kafka y la historia
ÁLVARO DE LA RICA
CRÍTICO LITERARIO Y PROFESOR EN LA UNIVERSIDAD DE NAVARRA
nº 107 · noviembre 2005
Sultana Wahnón
KAFKA Y LA TRAGEDIA JUDÍA
Riopiedras, Barcelona 379 pp. 31 €

La verdad es indivisible, no puede por tanto reconocerse a sí misma; quien la quiera conocer tiene que mentir. Kafka, Aforismos (80) Sultana Wahnón, catedrática de la Universidad de Granada, especialista en Teoría de la literatura y Literatura comparada, ha centrado desde hace años su trabajo en dos vertientes de un mismo tema: por una parte, se ha dedicado a estudiar y a difundir diversos aspectos de la teoría literaria contemporánea (Introducción a la historia de las teorías literarias, Saber literario y hermenéutica, Lenguaje y literatura); por otra, ha realizado numerosas aportaciones sobre la nunca suficientemente explorada conexión entre arte y política, arte e historia en el contexto concreto del totalitarismo nazi. Kafka y la tragedia judía responde a una nueva aplicación de este interesante esquema de trabajo en el que teoría literaria (y el análisis de textos que se deriva de opciones establecidas sobre un fundamento teórico) e interpretación de la obra de Kafka, en el ámbito de la historia reciente, se funden en un proceso de aproximación al hecho literario y a la realidad histórica. Este planteamiento hunde sus raíces en una tradición especulativa de largo alcance.Tanto en el ámbito judío como en una parte relevante del cristianismo bajomedieval se ha partido de una dualidad fundamental: la relación irreductible entre el hecho (histórico y salvífico) y la Palabra o el Libro (como principio metafísico). A diferencia del pensamiento griego, de carácter netamente genérico y teórico, el judeocristianismo se ha distinguido por su doble querencia hacia lo particular realmente acontecido y hacia la huella de lo absolutamente otro en lo histórico. «El Verbo tomó la carne» , dice el judío Juan al comienzo de su relato de la vida del Hombre-Dios. No creo vanas estas consideraciones a la hora de introducir el libro de la profesora Wahnón sobre El proceso de Franz Kafka. La novela del autor de Praga, escrita en 1914, al comienzo de la Primera Guerra Mundial, comienza con el arresto de Josef K. en su propio dormitorio por parte de unos desconocidos. Desde ese instante el protagonista sufre las consecuencias de un proceso singular y atípico que lo lleva, tras numerosas peripecias, a una muerte tan violenta como absurda e injusta. La razón (o el sinsentido) de dicho proceso configura la trama estructural de un relato que finaliza, antes del asesinato de Josef K., con un largo diálogo entre éste y un sacerdote católico acerca de una leyenda denominada Ante la Ley. En este apólogo –que fue publicado por Kafka de forma independiente– se revela y a la vez se esconde el misterio de la significación completa de la obra. Considerada una cumbre no sólo de la literatura sino de la cultura contemporánea, en su exégesis se han afanado algunos de los mejores espíritus de nuestra época. A lo largo de cuatrocientas páginas, Sultana Wahnón nos ofrece su interpretación del libro. Presenta una tesis cuidadosamente articulada que, de forma resumida, puede explicarse así: el examen de la profusa reflexión literaria de la segunda mitad del siglo XX, aplicada en concreto a El proceso, muestra hasta qué punto, no obstante, no se ha atendido de modo suficiente a lo único verdaderamente significativo en este y en todos los casos, es decir, a la lectura directa –no alegórica– de la obra, a lo que la profesora Wahnón llama la materialidad del texto; en segundo lugar, cuando se procede del modo propuesto –en aplicación de la convicción del propio Kafka, tal y como la expresa en la exégesis modélica que realiza el protagonista con el cura a propósito del ya mencionado núcleo significativo del libro– se impone una conclusión contraria a la interpretación generalizada según la cual Josef K. sería culpable y, por lo tanto, su arresto y ejecución quedarían justificados; la inocencia de Josef K., en los términos en los que la postula Wahnón, implica lógicamente la iniquidad y el juicio de condena del tribunal y de todos sus ministros, incluido, por supuesto, el citado abate; además, el carácter necesario e indeterminado del mal que padece el personaje kafkiano lo emparenta no con el justo bíblico sino con el héroe trágico, tal y como lo anunció Nietzsche en términos de pesimismo nihilista. Pues bien, partiendo de la radical inocencia y de la condición de víctima trágica de Josef K., puede establecerse por diversas vías confluyentes la condición «profética» del personaje kafkiano que, en el contexto no de una mística religiosa sino de una empatía cultural positiva, se perfila como la imagen admonitoria del judío en la Shoah. Resulta imposible detenerse en todas las cuestiones sobre las que desciende la autora. Ha realizado un gran trabajo: bien escrito, sostenido a lo largo de muchas páginas con naturalidad, lleno de matices en todo, salvo quizás en lo que se refiere a la dimensión religiosa que subyace a toda cuestión judaica. Se necesitaría un espacio igual o mayor para dialogar con ella de modo convincente y con la atención y el rigor que se merece. Aunque no comparto lo esencial de su planteamiento, no tengo seguridad alguna de estar yo en lo cierto, y acaso sólo un diálogo bien pausado y medido pudiera establecer entre nosotros un horizonte de verdad en la interpretación de esta obra. Kafka es una piedra de toque para todo estudioso de la literatura.A menudo se hace acopio de conocimientos teóricos que serían en principio suficientes, de una base documental impresionante, de larga experiencia en la interpretación de otros textos y, no obstante, se fracasa en el intento de abordarlo; hablo de un fracaso, si no divino, al menos sí quijotesco. Jabès dijo que no se puede leer a Kafka, que lo que realmente ocurre es que él nos lee a nosotros. Cada lectura revela tanto o más del lector que del letrado de Praga. Creo que todos los que hemos dedicado horas, meses y años a escudriñarlo hemos intuido que algo así estaba en efecto ocurriéndonos.

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Fuente original: http://www.revistadelibros.com/articulo_completo.php?art=2867

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