Alain Badiou – El ser y el acontecimiento (Prólogo a la edición castellana)


El ser y el acontecimiento apareció en francés hace más o menos diez años. Cuando hoy en día me pregunto qué es lo que pienso de mi propio libro, la respuesta que me puedo dar es orgullosa y humilde a la vez. Es orgullosa porque aún estoy absolutamente convencido de la solidez de las intuiciones fundamentales de este libro. No sólo pienso que las cuestiones que aquí se tratan –la ontología de lo múltiple azaroso, la teoría del acontecimiento como sumplemento azaroso, la esencia de la verdad como procedimiento genérico, el sujeto como fragmento local de una verad, el retorno a la verdad sobre el saber a través de un forzaimento– están argumentadas y son válidas, sino también que su examen y transformación por parte de mis contemporáneos apenas comienza. Se puede decir que todavía significa un importante avance en el pensamiento respecto de la media de mi época.

Pero mi respuesta es también humilde, puesto que soy consciente de las insuficiencias que persisten en la exposición sintética de mi filosofía, que este libro presenta. Es preciso decir que en el tiempo transcurrido desde su aparición, he tenido muchas ocasiones de evaluar sus debilidades. Sabemos que las lagunas de un dispositivo de pensamiento se ven menos en el estudio directo de su composición que cuando nos esforzamos en extraer sus consecuencias. En una seria de ensayos más breves me he ocupado de utilzar El ser y el acontecimiento como un reservorio de conceptos y métodos de pensamiento para la investigación de múltiples dominios particulares. Lo hice en relación con las normas del compromiso subjetivo en un procedimiento de verdad (l´Etique, 1994; Saint Paul, 1997); con diversas partes del pensamiento ontológico –es decir, matemático– (le Nombre et les nombres, 1991); con algunos aspectos de la teoría psicoanalítica (Conditions, 1992); con cuestiones referidas a la política (Abregé de métapolitique, 1998); o al procedimiento artístico (Petit manuel d´inesthétique, 1998). También he intentado precisar mi concepción de la filosofía, ya sea de manera directa (Conditions, otra vez), o bien por la mise en scéne del contraste con uno de mis grandes colegas (Deleuze, 1997).

El resultado de este trabajo multiforme fue señalar tres grandes transformaciones necesarias para adecuar mi teoría a los requerimientos del mundo contemporáneo y lo que él exige del pensamiento. Puesto que la filosofía es, en última instancia, un recurso más para intervenir en lo real. existe legítimamente sólo para fortalecer la potencia del espíritu sobre la materia, la afición de la voluntad, la certeza de que el tratamiento de los posibles por el pensamiento forma una unidad con su advenimiento. Se trata de despreciar lo que hay, en nombre de lo que puede haber. Se trata de preferir cualquier verdad a las enciclopedias de saber. Seguramente, la carga polémica de mi filosofía es más viva en este punto. No estamos en el consenso académico. Cualquiera que trabaje para la perpetuación del mundo que hoy nos rodea, aunque fuera bajo el nombre de filosofía, es un adversario, y debe ser conceptuado como tal. No podemos tener la menor consideración para aquellos cuya cuya sofisticación sirve para legitimar –bajo los vocablos gastados e inconsistentes de <<el hombre>> y de sus <<derechos>>– el orden capital-parlamentario, hasta en sus expediciones neocoloniales. Pero la guerra especulativa y el derecho que se conceda a cambiar los conceptos por municiones, implica saber exigir de uno mismo una constante transformación de la propuesta filosófica y de sus categorías fundadoras, a riesgo de pensar a menudo –como decía mi viejo maestro Sartre– contra uno mismo.

Por lo tanto, tres puntos en litigio.

1. En el pensamiento del ser en tanto ser, es preciso aceptar que el múltiple puro, al estar presentado ahí, siempre localizado (en el sentido literal de <<Dasein>>), se encuentra afectado de lo que llamo su aparecer, cuya lógica es muy importante pensar desde el interior de la matemática de lo múltiple. Esto conduce a importantes reordenamientos del concepto de situación, que es –como el lector lo verá– el primer concepto del libro.

2. La doctrina del acontecimiento está marcada por una dificultad interna, enunciada de manera práctica en su misma exposición: si el acontecimiento subsiste sólo porque ha sido objeto de una nominación ¿no hay en realidad dos acontecimientos (el múltiple supernumerario, por un lado, y su nominación por otro)? Además, si el que nombra el acontecimiento es un sujeto, no se puede sostener –como sin embargo se dice– que el sujeto es un fragmento local del procedimiento de verdad. Habría un sujeto originario, o del acontecimiento, que produce el hombre.

Para superar esa dificultad, es necesario complicar un poco el concepto de acontecimiento, dotándolo de una lógica (el acontecimiento es desprendimiento inmediato de una primera consecuencia, tiene una estructura implicativa) y no sólo de una ontología (el acontecimiento es un múltiple in-fundado). A su vez, esa lógica esclarecerá la potencia propiamente temporal del acontecimiento, la capacidad para engendrar un tiempo propio, que si bien es cierto que es mencionado en el presente libro, no fue objeto de ningún desarrollo significativo.

3. La teoría del sujeto es unilateral, en la medida en que identifica de manera absoluta <<sujeto>> y <<sujeto de una verdad>> en la dimensión positiva de esta identificación. Pero es evidente que en una secuencia post-acontecimiento surgen nuevas formas subjetivas reactivas. Por ejemplo, a una política revolucionaria siempre se oponen formas inéditas de la contrarevolución. Es preciso entonces extender el concepto de sujeto a la novedad reactiva y no limitarlo a la estricta fidelidad, creadora de verdad genérica. Dicho de otra manera, tenía la obligación de forjar los conceptos necesarios para pensar las novedades negativas. Y en mayor medida porque, a decir verdad, en los años ochenta y noventa hemos sido particularmente bien servidos en cuanto a inventiva reaccionaria, y en todos los campos.

Por este motivo he planteado que un acontecimiento abre un espacio subjetivo que se <<puebla>> de tres figuras posibles (además del sujeto fiel, hay un sujeto reactivo y un sujeto oscuro). Asimismo, he establecido qué son las operaciones de un sujeto, las cuales en este libro son todas reducidas únicamente a la indagación. Por lo tanto no sólo tenemos una teoría de la fidelidad (que es en realidad, creación de las consecuencias del acontecimiento, o creación del presente), sino también de la reacción (creación del pasado), de la obliteración (anulación del presente) y de la resurrección (reactivación futura de un presente).

Que quede claro, Sólo hay dos indicaciones extremadamente sumarias sobre lo que es un considerable work in progress. He realizado una suerte de diario de este movimiento teórico en mi libro Court traité d´Ontologie transitoire (Seuil, 1998). Este trabajo tiene como base un seminario de diez años sobre la infraestructura matemática de la reorganización de la teoría del ser (alrededor de la teoría de las Categorías y, en especial, del topos de los H-conjuntos) y otro, de diez años también, sobre la teoría axiomática del sujeto. Me parece que lo esencial de la rectificación está concluido. Queda consignar su arquitectura general y desplegar sus efectos, sobre todo, del lado del análisis formal de los procedimientos de verdad (arte, política, ciencia y amor). Éste va a ser el tema de una continuación del presente volumen, cuyo título será, probablemente, Etre, apparaître, vérités [Ser, aparecer, verdades].

Así las cosas, mi imperativo personal es ser fiel a las direcciones fundamentales de pensamiento trazadas en El ser y el acontecimiento. En él se establece que toda fidelidad verdadera es una invención, pero además, que también depende de la fecundidad del azar.

Entre esos maravillosos azares que hacen que valga la pena dedicar la vida a las verdades, quiero mencionar el encuentro, hace ya muchos años, con Raúl Cerdeiras y luego con sus amigos argentinos. En la época de aquel encuentro, y más allá de la camaradería política y de lo que sólo es capaz la prodigalidad del amor, yo estaba muy solo y golpeado por la opinión dominante, en un verdadero destierro. Pero el valor para continuar una obra no viene solo. Se alimenta, precisamente, de encuentros que justifican su perseverancia. En este sentido, como lo es una amistad que comparte el pensamiento, Raúl Cedeiras es desde hace años una condición subjetiva implícita de todas mis obras filosóficas. Dirigiendo la traducción de este libro entra en el corazón mismo de su existencia pública. Puedo decir, muy simplemente, a Raúl, a sus amigos y al mundo entero, que estoy feliz. Con esa dicha que sólo da la co-pertenencia a una verdad y que es la misma que Spinoza llamaba, así lo creo, <<beatitud>>.

Alain Badiou, septiembre de 1999

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Del libro:  Badiou, Alain. El ser y el acontecimiento; trad. Raúl J. Cerdeiras, Alejandro A. Cerletti, Nilda Prados. Manantial, Argentina 1999.

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