Opúsculo al EuroJazz 2010: Kaulakau o el antiepígono de la zanfona


Bajo el cielo malva y salpicado con broza, el pasto se extendía irregularmente. Estaba acotado por las arterias citadinas donde cajas de metal movíanse deprisa echando boche las unas a las otras. Es un lugar salvaje de constante escollo donde mancillar al semejante es el pan de cada día. En esta selva de concreto las personas son idolatradas por su capacidad de sojuzgar al medroso, al incapaz. No una mano sino cientos, miles y millones de extremidades ‘invisibles’ se encargan de enzarzar a los individuos pues tal es la condición del ser humano, bellaca y antideferente. Sin embargo, recorrer aquellas áreas verdes era una prerrogativa de exquisitez límpida donde el concepto anexacto de tranquilidad pareciera cristalizar en un suave alud de voces cantarinas que armoniosamente resonaban en mi mente. El escenario estaba montado, la prueba de sonido realizada y las personas que poco a poco llegaban se juntaban tímidamente con la mirada en dirección a la que sería la palestra protagonista de la tarde. Por algunos minutos olvidamos lo insulzo de la vida y exultantes por las chanzas, nos transformamos en nosotros mismos. ¡Ad vitam aeternam!

Ayer la tizona atravesaba mi occipucio. Ayer montaba el jamelgo de la esperanza y ayer mi resistencia coriácea lastre de mi candidez. Ayer la inanidad, tara de mi ser, ayer. Hoy el chascarrido, espoleado he de ser, hoy no recular y con presteza amanecer. Panegírico al misterio, a la genealogía de lo acontecido, pues pasado retrocede y presente, hoy, ha sido. Con tranquila ligereza los artistas se presentan, toman sus lugares preparados listos vamos, vida y música regentan.

Cuando aquél instrumento musical característico del cuarteto fue iluminado por el reflector pude observar la sorpresa en las facciones del público. Aparece el antiepígono hoy renacido en Jazz. Marc Egea, zanfonista, había sido un gitano en la Edad Media condenado al cadalso por sus insolencias religiosas. Una vez consumado su castigo, observó a la raza humana desde metatierra. Recordó los textos griegos clásicos antes estudiados y decidió hacer uso de la metempsicosis para reencarnar en un músico del siglo XXI. Y he aquí que ahora escuchamos a Kaulakau, instrumentistas españoles, deleitarnos con la nada convencional fusión de sonidos modernos coronada con la zanfona, un misterioso ‘violín mecánico’. Al re-crear la polifonía musical contemporánea, este grupo de músicos me ha brindado una ingeniosa demostración de la futilidad de los cánones artísticos pues en la medida en que la necesidad de innovación se impone, vías lúcidas alternativas y refrescantes aparecen para eliminar lo acidulado del ambiente terrestre. En el éter musical, las ondas del sonido traspasan cuerpo y mente depositándose, sin tribulación y con algarabía en el imaginario de los hombres que sueñan por una fascinación de los sentidos.

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Fotos extraídas de la página: http://www.kaulakau.com

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