Narrativa No. 2, o del castigo


El coche se detuvo en seco. Con ojo avizor el vigilante lo había ordenado. Se ufanaba de haber nacido con la mejor vista de toda su generación –¡Bah!, sólo es la mejor vista de mi familia, aquel grupo de personas que tengo olvidados en ese rinconcito de Guanajuato–. Una jabera empezaba a escucharse tímidamente en la lejanía. –Creo que ya es tiempo de ganarse los kodzitos–, pensó. El coche se detuvo en seco.

–Caballero, ya conoce el sistema, su licencia de manejo queda cancelada y su vehículo ahora le pertenece al Estado. Alégrese pues su falta servirá de ejemplo social, ¿lo ve? todos los demás automóviles le están observando, es justo el momento en el que ahora procedo a echarlo a porrazos, ¡pum! ¡cuaz! Gracias por su colaboración–. Se retiró orgulloso (manejando su nuevo coche) por el trabajo tan fácil y grato que le había tocado desempeñar. –No me culpen, yo sólo sigo órdenes. ¡Hey! usted, sí, el que tiene cara de sorprendido, venga acá,  está violando el código, artículo quinientos noventa y tres, sección decimocuarta, párrafo enésimosegundo: se prohibe caminar demasiado erguido–. Si no recuerdo mal, y no lo hago, le corresponde cumplir dos semanas de pie en el corralón de peatones. ¡Cómo! ¿me dice que no quiere pasar dos semanas de pie? ¿Que por qué no puedo simplemente darle una infracción impresa? Vamos hombre, pues por quién me está tomando, ¿no ve usted este uniforme con esos ojotes de vaca triste que trae? Soy un vigilante y hago cumplir la ley, aunque…ahora que recuerdo podemos hacer una excepción, sí, es usted una buena persona, quizás sólo decidió caminar correctamente por un brevísimo instante, ya sabe, los estirones vespertinos, lástima por usted que alcancé a verle. Le voy a encargar por un momento el librito del reglamento en lo que miro por allá y usted va a leer con muuucha atención el párrafo marcado en rojo, ¿vale? Después de que haya leído con muuucha atención (sí, precisamente) voy a regresar de mirar por allá y usted me regresará el libro cerradito cerradito. Vale, ya regreso, no olvide leer con mucha atención, mucha–.La música cada vez se escuchaba más cercana, la guitarra, soñadora.

Cuesta arriba, manejando un Fiat Cinquecento, Elena tú y yo, cantábamos a Antonia Contreras:

Por si algún día vinieras
siempre la dejo entorná,
que a mi puerta cuando llegues
tú no tengas que llamar.

Eché cuenta y comparé
con la que tiene el olivo
la raíz de mi querer.

Ni luna ni estrellas,
salud y el dinero,
ni la sangre por mis venas
si tú no estás no los quiero.

Nuestras voces eran isocrónicas, armónicas, unívocas. Por efímeros instantes descubría un mundo antes desconocido para mí. Hasta el ruido del motor del cochecito parecía ayudarnos a hacer de nuestro canto, un evento galano. ¡Ah! Bravo. –Sabes Párvati, en realidad no estoy seguro de que se pueda extender la moral kantiana al ámbito marino–. –¡Shhh! me hostiliza cuando te pones de aburrido. ¡Cuidado! que tienes el alto–. Detuve el coche y mientras me relajaba en la espera del siga, me abrazaste con cariño. –Oye…te quiero mucho–. Sonreí para mis adentros y descansé suavemente mi cabeza sobre la tuya. La guitarra seguía con el canto, :

Si antes de ti mi vía fue un torrente
en tus besos se encuentra y se remansa,
que al momento de a ti yo conocerte
la fuente se volvió serena y clara.
Si antes de ti mi vía fue un torrente
contigo se volvió tranquila el agua.

Sin promesas ni contratos,
sin testigos ni papeles,
son razones pa encontrarnos
que te quiero y tú me quieres.

Siga. Regresamos a nuestras posiciones originales dentro del coche. En su momento, el pequeño Fiat parecía nuestro, se deslizaba con tranquilidad por el asfalto y las estrellas se mostraban egoístas con nosotros, aquella noche era oscura. A veces, los pequeños momentos son los más grandiosos, son atemporales, son sencillos, y en ellos encontramos que parecemos sueños. ¡Qué lejana visión es la que describo en comparación con la realidad vitalicia que revuelve y regurgita la verdad!. ¡Qué distinto el eterno presente que se encuentra enemistado con la memoria, con el recuerdo!. Pero la vida nos coloca siempre en el centro de nuestras decisiones, en ese rincón del pensamiento donde el sino define quiénes somos. Y sin saberlo, ahí estamos. Qué tremendas son las consecuencias. Qué tremendo es el dolor. Una decisión determina nuestro rumbo pese al sentir más inocente, nos pese o no. Una distracción, un universo nuevo, un volantazo y ya todo es oscuro y confuso…

El pequeño vehículo yacía a un costado de la acera, volteado, techo abajo, neumáticos arriba. Habíamos pasado justo enfrente del campo de visión del vigilante que se acercó en realidad, menos apurado que interesado. Afortunadamente salimos ilesos, pero el pequeño Fiat pasó a la historia. Cinco seis seis cuatro uno. La llamada. Un segundo después tus padres implosionaron en el lugar del accidente. Tuvieron que garantizar una buena cena rebosante de kodzitos al vigilante pues el que hubiera un enorme agujero en el suelo y uno tratara de esquivarlo, ameritaba, según el reglamento (o por lo menos el reglamento del cazador), tres semanas de pie en el corralón de peatones para nosotros tres, así como una buena tanda de porrazos por el ‘pequeño’ descuido. Huelga decir que Elena terminó sumamente asustada y juró nunca más subirse a un automóvil en el que yo conduciera. Y ahí estábamos, regresando a tu casa en el coche de tus padres, noche oscura. Mirabas hacia afuera desde la ventana trasera derecha. Aquél abrazo mientras esperábamos el siga parecía distante. Yo, ensimismado, reflexionaba. –Un poco más a la izquierda y hubieramos evitado ese bache. Si Kant hubiese incluido a los seres marinos en su crítica. seguramente lo indicó en algún párrafo perdido, de esos que nadie encuentra–. También, entre dientes, terminaba de cantar lo que empezamos. Llegamos. El coche se detuvo en seco.

Si mi vía fue un torrente
en tus besos se remansa,
desde que te he conocío
fuente soy serena y clara.

Que me claven alfileres
si no tengo tus palabras
y no sé si vas o vienes.

Te tenía presente
toítas las horas
esperando un ratito,
un momentito,
contigo a solas.

Nota:

Me encontraba caminando en compañía de uno de mis mejores amigos cuando me topé con el Fiat de la foto que inicia esta entrada. Después de soñar e idear, he llegado a la conclusión de que un iPhone puede tener dos usos particularmente útiles, a saber,  comunicarte con las personas que conoces e inmortalizar pequeñeces que despiertan la imaginación y la evocación por los bellos momentos.

las canciones y poemas de Antonia Contreras, los pueden encontrar por acá:

http://www.antoniacontreras.com/web/index.html

1 comentario
  1. Krisstyna dijo:

    Esta narrativa la interpretaré a mi manera, es buena… lástima que cuando quiero platicar, regularmente te desvías del tema!

    Por cierto,qué lindo cochecito🙂

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