Narrativa No. 1, o de la equivocación


Les contaré tal cual sucedió. En las semanas anteriores había soñado con aedos, sí, cantores griegos que de alguna manera habían logrado sobrevivir a la historia. Vestían elegantemente de negro y caminaban, mejor dicho, renqueaban en rítmicos movimientos todos al mismo tiempo. Si tuviera que describirlos de manera coloquial, diría que se parecían a algo que no había visto nunca, es decir, no se parecían a nada pero parecían graciosos. Entraban con alegre humor a la sala de conciertos del centro cultural y una vez contenidos en su pequeña jaulita musical, el silencio. Pensé que escucharía de repente algún fagot, tal vez un corno inglés, un flautín, nada. Ahí tenía frente a mi, cerca de mi, un grupo de vestigios humanos que me miraban. El tono de actitud cambió; ya no era la alegría surrealista haciendo acto de aparición, no, ahora me encontraba ante una bravata plena. Desde luego que salí del recinto consecuencia de la intimidación y vaya mi sorpresa al encontrarme a un piano. Sí, un piano, ahí, solito, incólume. No parecía cualquier piano, de hecho era dendriforme, estoy de acuerdo con ustedes, algo sumamente extraño. Sus teclas parecían cándalos, sin duda alguna unas más oscuras que otras, lo recuerdo bien. Dos esqueletos humanos tremendamente amarillos lo interpretaban.

Tun, ti, ti tin. –Ya es hora de que partas. Ton ton, tin, ti. –Has llegado tarde. –Oye Gustav, buena idea, pensé que tus esqueléticas y horribles falanges habían perdido su buen toque. –No te preocupes Ludwig, están como vivas, mira, déjame halagarte pues las tuyas lucen terriblemente bien muertas. Tin tin tin ti. –Como te decía amigo visitante, es hora de que partas, Félix te espera, aunque no quieras. ¡Ah! espera amigo, tú también luces de maravilla–. Desconcertado, camine unos pocos metros cuando escuché tu voz.

–Vas en la dirección incorrecta, la entrada queda por allá–. Lucías terriblemente contenta, aunque no recuerdo cómo lucías. –¡Párvati! pensé que no me acompañarías, ¿dónde te has metido? –No vengo a acompañarte, lo siento. Si he aparecido aquí es porque le hecho un favor a tu imaginación, que por cierto, ya me debe uno. La teleología de mi súbita aparición es simplemente recordarte que ibas por el camino equivocado, la entrada queda por allá–. –¿Por qué?, ¿por qué no puedes darte la pulsión de escuchar un rato, de reflexionar junto conmigo? anda, mira, te lo ruego. Un poco de scherzo nunca le hizo daño a nadie–. Me miraste a los ojos y con firmeza comentaste: –¿Recuerdas a los patos? ya sabes lo que voy a decir, no me hagas decirlo de nuevo, por favor. La entrada es por allá, aunque… has llegado una semana tarde, doble equivocación, pero tu imaginación me pidió que te dijera que continúes, que aprendas. Yo también te lo dije en su momento, en sus momentos. Anda, ve, camina, si quieres mirar atrás está bien, es comprensible, cuando estés dentro desapareceré. Te aseguro que no dejaré de sonreir mientras te alejas caminando . –¡Párvati, por fin he estudiado la upeksa!–. Sonreíste. –Me da gusto. Ahora te toca vivirla. Te esperaré del otro lado.

Desperté y un par de horas más tarde, estaba en la sala de conciertos real. Observé cómo arrimaban una camioneta por la rabera y descargaban instrumentos musicales. Extraño, pensé, pareciera que ya tienen los suficientes  y ahora traen más. Cuando esucuché los primeros compases del evento, ya dentro de la sala,  me llevé una sorpresa. Escuchaba fagots, escuchaba cornos, escuchaba flautines, sí, pero no escuchaba el sonido que esperaba. Busqué el programa y leí:

“Sinfonía No. 2 de Félix Mendelssohn, grandes personalidades, grandes directores. No olvide quedarse para el vino de honor  así como de aplaudir vigorosa e interminablemente al finalizar la presentación. Gracias por su preferencia.”

Mi sorpresa no duró demasiado. Estoicamente me acomodé física y mentalmente y escuché el programa completo. Sí, así fue tal cual sucedió.

Nota:

El 28 de Noviembre del año 2009, se interpretó en la Sala Nezahualcóyotl la sinfonía no. 2 ‘Himno de alabanza’ del compositor Félix Mendelssohn. Había asistido con la intención de escuchar la sinfonía no. 1 ‘Titan’ de Gustav Mahler y el concierto no. 2 para piano de Beethoven. Estas últimas dos piezas, habían sido interpretadas una semana antes. No me arrepiento de mi equivocación, pero sí de otras que he cometido.

1 comentario
  1. Krisstyna dijo:

    Miguel, esto me gustó mucho🙂
    Bien eh!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: