Cuento: El caballero triste del puro y el martini. (Primera parte)


Hallway

Era el año 3010. A través de la ventana tornasolada se veían pasar a gran velocidad en una orquesta de manchas destellantes, los coviones, un cotidiano híbrido entre coche y avión, aunque más propiamente eran como aeromóviles pues tenían la comodidad de un medio de transporte personal con la velocidad y la eficiencia de un jet. Vistos a distancia,  todos estos coviones o aeromóviles creaban un espectáculo visual en el que el tráfico de lo mismos en el cielo, provocaba que se formaran estelas permanentes de un crisol que recordaba a las arcoferas, unos pequeños objetos esféricos tan pequeños como una canica, que se utilizaban para acciones comunes o comunicar a las personas entre sí y cuya principal característica era su misterioso y continuo cambio de colores.

La gente vivía en las naturbes, enormes esferas donde la naturaleza y la ciudad convivían en armonía. Los edificios estaban hechos de madera y piedra. No por esto no se disfrutaba de una avanzada tecnología donde la ciencia había logrado convertir estos materiales en formas geométricas pefectas cuya arquitectura deslumbraría a cualquier visitante de otro planeta. También, diversos animales se paseaban y vivían cómodamente a sus anchas en este cotidiano modus vivendi . Era de lo más normal que un elefante estuviera tomando agua en la cima de un edificio de cien pisos, que un jaguar cazara a sus presas en las afueras de un auditorio y que osos de diversos tamaños, recorrieran con toda tranquilidad las calles donde a su vez, las personas transitaban hacia sus trabajos o a sus casas.

Por aquel tiempo, la gente vestía de un sólo color pero no se encontraban sometidas a ningún régimen y aún existían las diferencias sociales. Aunque el dinero como medio de cambio se dejó de usar hacia finales de 2500, el interés y el egoísmo seguía moviendo a los individuos a compartir sus creaciones y conocimiento. Así, un solarscopio era construido con los materiales que los fabricantes otorgaban. Estos estaban convencidos que de esta forma, aportaban a la humanidad y, efectivamente, así lo era pues el solarscopio podía vislumbrar estrellas a una distancia tan lejana, que el mismo tiempo se doblaba y el espacio convergía para formar nuevas dimensiones antes desconocidas, antes inexistentes para la sabiduría humana. No obstante, los fabricantes del material necesario para este gran invento, buscaban a cambio el reconocimiento de los ideadores que en agradecimiento, permitian a los fabricantes de material, disfrutar del solarscopio el 2% del tiempo de uso anual. Era así como se manejaba la producción de bienes y servicios, sin dinero pero con intereses personales o colectivos de algún sector.

En en una de estas naturbes, cuyo tamaño colosal hubiera impresionado a los humanos del año 2009, se alzaba una pequeña casa con forma de varios cubos interrelacionados. La totalidad de la casa era de color blanco nacarado. Unos pasos se escuchaban en su interior. Se trataba de un largo pasillo blancamente iluminado a cuyos costados se encontraban flotando, (gracias a los GLD´s o Gravityless Devices) diferentes recuadros que contenían amplias fotografías donde al parecer diversas personas interactuaban en algún evento. Esto no era normal pues las fotografías se habían dejado de usar en el año 2100. Simplemente las personas habían olvidado lo que una imágen estática podía evocar en el espíritu humano, lo que un recuerdo podía provocar en la mente humana. En aquella sociedad las personas ya no sentían nada con los recuerdos, no existian pulsiones por el pasado ni por el futuro, sino que su temporalidad se basaba en el gerundio. El presente era el tiempo, la convergencia de la conciencia humana en un nuevo estado de convivencia, un a priori de los sentidos pues tiempo y espacio ya estaban dados. El tiempo siempre presente y el espacio siempre vivenciado. Los pasos emitian eco en el pasillo. El hombre caminó hacia el final del corredor, llegó a una puerta completamente blanca, sin cerradura, sin bisagras ni bordes. Una persona ajena al año 3100 jamás se hubiera imaginado que ahí hubiera una puerta, sólo hubiera visto un muro al final del pasillo, un camino sin salida. El personaje metió la mano en uno de sus bolsillos, tomó su arcofera, la sujetó con fuerza y habló en su mente:

–Deseo que te abras –Y al instante la puerta se abrió.

1 comentario
  1. Enrique Cabrera Colón dijo:

    Arcofera,naturbes,coviones, solarscopio? hijo, al pan, pan y al vino, vino.Que nombre Le pondrias al cementerio, a un libro, a una flor, al mar o simplemente a las personas?
    Habremos desaparecido y entes poblaran a la naturbe?
    Ciencia ficción al fin!. Creo yo. No deja de ser interesante, me gustaria leerlo completo.
    Que tengas buenos motivos de inspiración en este día y que la fuerza de la luz te acompañe.
    Te quiero hijo.

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