David Lachapelle en el Antiguo Colegio de San Ildefonso


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Así es el arte de Lachapelle; directo, sin tapujos y con un mensaje cargado de simbolismos, metáforas  y sátiras a la sociedad estadounidense. Aparentemente el envoltorio crítico que enmarca una esfera social se pudiera presentar como una novedad bastante colorida, como deslinde, como ficción ajena. Nada podría estar más alejado de la realidad. Aunque la fotografía presente cuadros surrealistas siendo la punta de lanza el ‘yankie style’ y la exageración del consumismo, la frontera de la exposición invita a la reflexión de los límites sociales. El llamado estado de decadencia comulga perfectamente con el llamado por la posmodernidad, por la liberación y la pluralidad, pero también lo hace por la efimereidad, por el subjetivismo y la irracionalidad. En mi opinión, el arte de Lachapelle es corolario del perfil en el que se han desenvuelto las sociedades, sin embargo, apelar por la crítica no es convincente desde algún llamado a la reflexión personal en la medida que ese arte crítico se gesta dentro y demarca sus límites en un intento de hacer vibrar la conciencia colectiva. Me parece que el trabajo del aclamado fotógrafo es precisamente ese intento vibracional  de generar pulsiones en las personas, pero en la medida que se abstrae a la misma esfera que lo ha creado, el discurso artístico pierde fuerza en las demás esferas sociales. Aunque estemos en un estado de creciente globalización e internacionalismo donde aparentemente cada vez se es más consciente del estado social, el arte no deja de ser una parcela bastante reducida y relegada a ciertos espacios donde se minimiza en la generalidad y maximiza en los pequeños grupos que la contemplan. Pero si se trata de maximizar en la generalidad nos encontramos con el ciclo regenerativo que es el mismo que el artista intenta criticar.Ahora bien, cuando me refiero a maximizar no se trata de cuantificar, sino que el uso de la palabra apela por el impacto que alguna objetivación pueda tener. Evidentemente que la popularidad de Lachapelle es ‘mucha’ en la medida en que su nombre y su obra son conocidos, pero en términos de profundidad social, el discurso artístico se queda corto.

En conclusión, admito que la obra de Lachapelle es llamativa y hace un llamado por la reflexión, pero me parece que tal suposición requiere espacios y esferas que complementen la expresión artística para generar así, una ideología unitaria real. Tal vez, la obra del fotógrafo estadounidense es el llamado desesperado por tal unidad.

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