Aristóteles en el pensamiento económico: Interés (cuarta parte) y una pintura de Joshua Reynolds


aristoteles

c) Interés

“No vale mucho la pena considerar el resto de la economía ‘pura’ de Aristóteles desde el punto de vista de nuestro interés teórico. Aristóteles considera obvias, de acuerdo con el sentido común precientífico, muchas de las cosas –si no de la mayoría– que más tarde iban a ser los problemas del economista; y emite juicios de valor acerca de una realidad muchas de cuyas regiones no exploró nunca. Es evidente que la renta principalmente agrícola del caballero de su época no le suscitó problema alguno; el trabajador libre era una anomalía en aquella economía esclavista, por lo cual Aristóteles pasa sobre él rápidamente; el artesano no sale mucho mejor librado, excepto por lo que hace al problema del justo precio de su producto; el mercader (y propietario de naves), el tendero y el prestamista se consideran principalmente desde el punto de vista de una estimación ética y política de sus actividades y de sus ganancias, ninguna de las cuales parecía, en cambio, exigir análisis explicativo. Todo eso no tiene nada de sorprendente ni condenable. Los hechos físicos y socials del universo empírico no caen sino paulatinamente bajo el cono de luz del análisis. En los comienzos del análisis científico, la masa de los fenómenos queda sin tocar en el complejo del conocimiento de sentido común, y sólo esquirlas de esas masas provocan la curiosidad científica, se convierten en ‘problemas’.

El interés no fue ninguna esquirla así para Aristóteles. Aceptó el hecho empírico del interés de los préstamos en dinero y no vio en él problema alguno. Ni siquiera calificó los préstamos según los varios fines a que pueden servir, y no parece haber notado que un préstamo destinado a financiar consumo es muy diferente de un préstamo para financiar el tráfico marítimo (foenus nauticum). Condenó el interés –identificado en todos los casos con la ‘usura’– sobre la base de que no está justificado que el dinero, mero medio de intercambio, aumente al pasar de una mano a otra (cosa que naturalmente, no hace). Pero nunca se preguntó por qué, a pesar de eso, la gente pagaba interés. Los doctores escolásticos fueron los primeros en formular esa pregunta. A ellos hay que reconocer el mérito de haber sido los primeros en reunir hechos interesantes para el problema del crédito y en desarrollar el esquema de una teoría del mismo. Aristóteles no tuvo ninguna teoría del interés. En particular, es imposible ver en él el precursos de las actuales teorías monetarias del interés. Pues, aunque relacionó el interés con el dinero, eso no se debió a un esfuerzo analítico, sino a la ausencia de dicho esfuerzo: el análisis que conduce a una opinión preanalítica que antes parecía condenada por un análisis previo da a esa opinión un sentido diferente.” [1]

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[1] Schumpeter, Joseph A. Historia del análisis económico Parte II, Cap. 1., trad. por Manuel Sacristán, Ariel Economía, España 1995.

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Sir_Joshua_Reynolds_012Autorretrato entornando los ojos

Joshua Reynolds

Óleo sobre lienzo

63 x 74 cm

National Portrait Gallery, Londres

1748

“El retratista más destacado del Londres georgiano, Joshua Reynolds (1723-1792), se representa a sí mismo en su taller. Mientras se vuelve hacia el espectador, el artista sostiene con la mano en la paleta, el tiento (un soporte para la muñeca que se emplea para pintar detalles pequeños) y algunos pinceles. Al mismo tiempo, muestra con orgullo cómo se mueve entre la más alta sociedad, puesto que se encuentra ataviado según las últimas tendencias de la moda  de la época: viste un abrigo marrón con cuello de terciopelo y un chaleco de seda azul sin abrochar en el pecho, ambas prendas muy en boga en la década de 1740.

El retrato, datado entre 1748 y 1749, presenta al artista más como intelectual que como artesano: adopta la pose que mejor refleja la personalidad creativa de la Ilustración, llama la atención sobre los procesos de percepción y meditación, trabaja en su estudio y adapta su vista a la luz artificial mientras cavila sobre su próximo movimiento y desarrolla su estrategia artística. A pesar de que los tonos y la pincelada recuerdan a los de Rembrandt (el modelo preferido de este artista), los planos de la cara, la línea de la mandíbula y la boca revelan también sus conocimientos en la escultura clásica.” [2]

[2] Phaidon Editores. 30.000 años de arte. Phaidon, Londres 2008

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