Algunas reflexiones sobre la contemporaneidad (29/Mayo/2009)


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¿Cómo es que después de siglos de reflexión, la raza humana no ha encontrado el sentido de la existencia y la realidad? Pareciera que a cada momento histórico le corresponde una ideología que predomina cual dogma social. En dado caso, no nos alejaríamos de la concepición de Marx de movimiento histórico en el sentido de una conciencia imperante o de una superestructura que se va modificando bajo cierta base de relaciones de producción, concibiendo una determinada formación social, llámese capitalismo. Pero también él mismo heredó su pensamiento de Hegel, otro pensador que marcó un paradigma en su época junto con Kant, los dos últimos creadores de grandes sistemas. A partir de ahí, escritores como Sartre, pensadores como Heidegger,  son los vástagos conceptuales de las ideas de aquellos filósofos constructores de sistemas. Incluso en el mismo estructuralismo (Saussure, Lacan, Lévi-Strauss, etc.) y postestructuralismo (Derrida, Deleuze, Guattari, etc.) son corrientes que apelan por las enseñanzas (unívocas o equívocas) de aquella modernidad que nos parece distante y donde conceptos tan importantes como la justicia, la moralidad, la libertad y la igualdad entre otros,  hoy en día parecen truncados.

Ya ni se diga de los economistas, que pese a la aparente inexistencia de pensadores que conjuntaban el crecimiento económico dentro del marco jurídico y moral como Adam Smith o David Ricardo, estos científicos sociales han preocupado por entender las leyes de distribución y producción, así como de la asignación eficiente de los recursos en un mercado competitivo (Jevons, Menger, Walras, Marshall), todo ello con supuestos fines de bienestar social. Pero también ha sido al parecer una ilusión bastante matematizada. Ni siquiera la generalización del sistema de Keynes, ha podido brindar ese soporte económico que explique una producción donde los trabajadores son remunerados ‘minimamente’ para luego consumir en diversos bienes y servicios. El desempleo nos asusta. Es aquí donde el papel de las clases sociales actua como divisor de la raza humana, ¿por qué? Y es justo en este contexto cuando nos acordamos que la mismísima Atenas era una sociedad desigual de tipo esclavista donde los má grandes aspectos de la humanidad han sido formados  gracias a ese primerizo auge económico (la Acrópolis y el Partenón tuvieron costos y de alguna forma se tuvieron que haber financiado), aunque ello no explica desde luego la totalidad de la sociedad.

Tal parece que los seres humanos somos una extraña mezcla de racionalismo e irracionalismo donde este último predomina actualmente en la sociedad, por lo menos fenoménicamente y donde únicamente podemos encontrar consuelo en las actitudes particulares que pueden llegar a ser de felicidad o plenitud, pero en el momento que se trata de explicar la generalidad, todas las acciones humanas, demasiado humanas salen a la luz cual natural actitud psicológica. Hobbes asintiría al señalar que así somos por naturaleza, salvajes, pero también Rousseau asintiría junto con Kant al comentar que sólo con el tiempo, la raza humana se entenderá a si misma e interiorizará el imperativo categórico que no es una simple moral, sino el camino a una paz perpetua.

Pero luego llega la postmodernidad y esta visión parece utópica. Nietzsche nos aseguraría que no existe más que la realidad consensuada, que lo que se nos muestra en el intento apolíneo de gobernar nuestro hedonismo dionisiaco. La locura llega y el ocaso se muestra. Y ahora, crisis, no nada más económica sino en los demás ámbitos de la sociedad. Las matemáticas han fracasado en su intento de demostrar leyes universales que gobiernen a los seres humanos y en la contemporaneidad, ni siquiera una mínima modestia por el conocimiento,  nos salva de guerras, conflictos de clase y demás acciones humanas. Gracias a Einstein, la relatividad ha permeado y hasta el tiempo nos asusta como elemento apriorístico de nuestra muerte. Adiós a la modernidad, adiós a Newton, adiós a Kant, adiós a la religión y adiós al optimismo en general.

Que si somos seres aspiracionales, no lo dudo, pero hasta el mismo Arte refleja la de-construcción social y el minimalismo es entendido como vanguardia, como originalidad  plausible humana, demasiado humana. Entre todo esto, aún no encontramoas el sentido de la existencia o mejor dicho, no sabemos qué es el ser y por ende, no podemos saber nada, sólo emitir opiniones, sólo aceptar el subjetivismo, la realidad. Le damos la espalda al conocimiento.

Por ahora, mi oficio es el de describir, quién sabe mañana cómo piense y cómo lo piense. De momento, no hay ni luz ni oscuridad, sólo experiencias humanas donde la metafísica no tiene nada que ver, aparentemente. Por ahora, mi ser es el de criticar, pero criticar no desde un lado de la balanza, sino criticar la balanza misma. De momento, aún no termino de creerme del todo la ideología de la postmodernidad ni me parece que exista una linealidad del pensamiento y de todas las cosas que hacemos en la vida.

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