Aristóteles en el pensamiento económico: Valor (segunda parte)


Dracma

Me parece que es mucho más provechoso citar la fuente original para efectos de precisión en el contenido. Les recuerdo a los lectores que el libro guía para esta entrada es Historia del Análisis Económico de Joseph A. Schumpeter.

” Aristóteles basa categóricamente su análisis económico en las necesidades y su satisfacción. Partiendo de la economía doméstica autosuficiente introduce la división del trabajo, el trueque y, luego, para superar las dificultades del trueque directo, el dinero, contecto en el cual critica severamente el error de confundir riqueza con dinero. No hay teoría de la ‘distribución’. Ese material, que es probablemente depósito de una amplia literatura perdida, constituye la herencia griega en el terrero de la teoría económica. Seguiremos su camino hasta el Wealth of Nations de A. Smith, cuyos primeros cinco capítulos no son más que desarrollos de esa misma línea de razonamiento…

a) Valor. Aristóteles no sólo ha distinguido entre valor de uso y valor de cambio tan claramente como cualquier autor posterior, sino que además ha notado que el segundo fenómeno se deriva de un modo u otro del primero. De todos modos, ese es sentido común, y hasta lugar común, y Aristóteles no ha ido más allá. lo hicieron los posteriores escolásticos, a los cuales se le puede atribuir el desarrollo de la teoría de los precios que Aristóteles mismo no ha construido. Se ha dicho que la deficiencia de Aristóteles en este punto se debe a su preocupación por el problema ético del precio justo -la justicia ‘conmutativa’-, interés que le habría apartado del problema analítico del precio real. Nada más lejos de la verdad. La preocupación por la ética de la formación de precios, como lo muestra el ejemplo de la posterior escolástica, es precisamente uno de los más enérgicos motivos que puede tener un hombre para analizar los mecanismos reales del mercado. Numerosos pasos muestran efectivamente que Aristóteles intentó hacerlo y fracasó. De todos modos, consideró el caso de monopolio (Política I, II, y Ética V, 5), definiéndolo como ha sido siempre definido luego, a saber, como la posición de un solo vendedor en un mercado. Lo condenó por ‘injusto’.

Esos hechos parecen dar la solución de un problema que ha preocupado a algunos historiadores de la teoría del valor. No hay duda de que Aristóteles buscaba un canon del precio justo, ni de que lo halló en la ‘equivalencia’ entre lo que un hombre da y recibe. Como las dos partes de un acto de trueque o venta tienen que ganar necesariamente las dos partes de él -en el sentido de que han de preferir sus situaciones económicas tras el acto a las que tenían antes, porque si no no tendrían motivo para realizar el acto-, no puede haber equivalenia entre los valores ‘subjetivos’ o de utilidad de los bienes intercambiados, ni entre el bien y el dinero pagado o recibido por él. Y como Aristóteles no ofrece teoría alguna del valor de cambio o del precio, los historiadores en cuestión concluyeron que había pensado en cierto misterioso valor objetivo o absoluto de las cosas, intrínseco a ellas e independiente de las circunstancias, de la estimación y de la acción humanas, o sea, una entidad metafísica de las que son tan gustosas para las personas con propensión filosófica y tan poco apetitosas para aquellas de espíritu más ‘positivo’. Pero la inferencia no es concluyente. El que no se pueda explicar el valor de cambio no quiere decir que no se vea factualmente. Y es mucho más razonable suponer que Aristóteles estaba pensando, sencillamente, en el intercambio de valores en el mercado, tal como se expresa en dinero, y no en ningún misterioso valor sustancial medido por esos valores de cambio.

Mas ¿no implica eso que estaba aceptando los precios reales de las mercancías como criterios de su justicia conmutativa y que, por lo tanto, estaba perdiendo los medios para pronunciarse acerca de su justicia o inusticia? En modo alguno. Hemos visto que condenaba los precios de monopolio. Y, desde el punto de vista de las preocupaciones de Aristóteles, no es nada fantasioso identificar los precios monopolísticos con precios fijados por algún individuo o grupo de individuos para su beneficio. No quedan condenados los precios con que se encuentra cada individuo, sin posibilidad de alterarlos -o sea, los precios concurrenciales o competitivos que se producen en un mercado libre de condiciones normales. Y no tiene nada de raro la hipótesis de que Aristóteles haya tomado los precios competitivos normales como criterios de la justicia conmutativa o, más precisamente, la conjetura de que estuviera dispuesto a aceptar como ‘justa’ cualquier transacción entre individuos que se basara en tales precios, lo cual es, efectivamente, lo que los doctores escolásticos hicieron de modo explícito.

Si esta interpretación es correcta, entonces su concepto de justo valor de una mercancía es efectivamente ‘objetivo’, aunque sólo en el sentido de que ningún individuo lo puede alterar por su propia acción. Además, sus valores justos eran valores sociales -que expresaban, como Aristótles sin duda pensó, la estimación de cada mercancía por la comunidad-, pero sólo en el sentido de que eran resultado supraindividual de las acciones de una masa de seres humanos razonables. En cualquier caso, no hay nada de metafísico o absoluto en esas cantidades de mercancías multiplicadas por sus normales precios de competencia. El lector percibirá sin dificultad que si los valores se definen de ese modo, la exigencia aristotélica conmutativa cobra una significación coherente y sencilla: quedará satisfecha por la igualdad en cualquier caso de intercambio o de venta. Si A cambia zapatos por las hogazas de pan de B, la justicia aristotélica exige que los zapatos multiplicados por sus precios normales competitivos sea igual a las hogazas multiplicadas por sus precios normales competitivos: si A vende por dinero los zapatos a B, esa misma regla determina la suma de dinero que ha de obtener. Y como, en las condiciones consideradas, A obtendría efectivamente esa suma, estamos ante un instructivo ejemplo de la relación que existe, en Aristóteles mismo y en todo un ejército de sus seguidores, entre el ideal lógico y el normal, entre lo ‘natural’ y lo ‘justo’…” [1]

__________

[1] Schumpeter, Joseph A. Historia del análisis económico Parte II, Cap. 1., trad. por Manuel Sacristán, Ariel Economía, España 1995.

1 comentario
  1. krisstyna dijo:

    Te dije que la ética siempre está llena de buenas intenciones jajaja!!! Keep writting …

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