Jean-François Lyotard, el desacuerdo y la condición posmoderna + un poco de M. Duchamp


lyotardNo cabe duda que son tiempos de crisis.  ¿A partir de cuándo nos emancipamos en diversas entidades intersubjetivas? ¿Por qué recibimos la posmodernidad con plausibilidad? Tal vez nos encontramos ansiosos de continuir legitimando la humanidad desmesurada y Lyotard ha sido uno de los pensadores más importantes en la discusión sobre la posmodernidad, tema que ha tratado en diversos libros el tema de la inestabilidad frente a la “ilusión” del orden y la unidad. Me parece oportuno citar a W. Welsch a propósito de dos obras importantes del pensador francés:

La condition postmoderne. Rapport sur le savoir (fr.; La condición posmoderna. Un informe sobre el saber), 1ª ed. París 1979.

…Mientras que el saber anterior se mantenía unido por un marco narrativo (en la modernidad: emancipación de la humanidad, teleología del espíritu, hermenéutica del sentido), en el siglo XX tales metarrelatos se han venido abajo. En la posmodernidad este derrumbamiento de marcos imaginarios de unidad no se registra con pesimismo o se deplora melancólicamente, sino que recibe aplausos como liberación de los juegos lingüisticos (o formas de vida, o formas de acción) particulares y heterogéneos en su diferencia irreducible. Por tanto, la posmodernidad implica una transformación tantocognoscitiva como emotiva. La posmodernidad comienza donde acaba el todo y la añoranza del uno deja paso al reconocimiento de los muchos. Las sociedades posmodernas, que están caracterizadas por una situación de mezcla de diversos juegos lingüisticos, contienen fuertes momentos agonales, pues los juegos lingüisticos son irreductiblemente diferentes. Esta heterogeneidad ni puede eliminarse a manera de una teoría de sistemas (Luhmann), ni superarse mediante una teoría del consenso (Habermas) . Las representaciones directivas de la posmodernidad son no la integración del sistema, sino la autonomía de lo particular, no el consenso, sino el desacuerdo. El modelo de legitimación de la performación es suplantado por el de la paralogía. En ello la posmodernidad coincide con innovaciones de la ciencia moderna (Heisenberg, Gödel, B. Mandelbrot, R. Thom), así como las del arte vanguardista del siglo XX (J. Joyce, M. Duchamp, G. Stein, J. Cage). Ya estas innovaciones han llevado el interés hacia lo discontinuo, los antagonismos y las inestabilidades. ‘Posmoderno’ no significa una nueva época que deja atrás la modernidad, sino aquella actitud del espíritu y del ánimo que acepta abiertamente la pluralidad, cosa que posiblemente sucedió ya en Aristóteles y con seguridad en Diderot, o sea, en medio de la paradigmática Ilustración ‘moderna’. El pensamiento posmoderno no niega la modernidad, sino que critica su ideología. Políticamente Lyotard aboga por una constitución en la que adquieren eficacia por iguala la aspiración a la justicia y el reconocimiento de lo desconocido. El presupuesto para ello es la liberación de los juegos lingüisticos en su multiplicidad y heterogeneidad.  A este respecto, las tecnologías actuales de la información son ambivalentes. Pueden actuar como operadores del dominio del sistema y traer una nueva uniformidad, pero, si se da un libre acceso a los acumuladores y bancos de datos, pueden utilizarse también en el sentido posmoderno de la pluralidad. En cuanto el saber posmoderno no se legitima por el recurso a metarreglas, sino por las reglas inmanentes de los respectivos juegos lingüisticos, hay una afinidad entre arte y literatura (…)

Le différend (fr.; La diferencia), 1ª ed. París 1983.

(…) Los metarrelatos modernos están desacreditos una vez que el dominio que el dominio de un único modelo propagado por ellos se echó a perder en el terror real de semejante dominio. Esta experiencia constituye el transfondo de la posmodernidad, cuya forma ‘apreciable’ quiere determinar aquí el autor, rebasando La condición posmoderna y dirigiéndose contra la vulgaridad cotidiana de un posmodernismo de la arbitrariedad. Lyotard hace esto sobre la base de la filosofía del lenguaje y mirando al fenómeno del ‘desacuerdo’, o diferencia (le différand).

Dentro de un mismo tipo de discurso (por ejemplo diálogos, enseñanza, administración de justicia), la transición entre proposiciones de diversos sistemas de reglas de las frases (tales como el juicio, la descripción, la ostentación) está determinada y regulada por el fin del respectivo tipo de discurso. Pero, ¿qué diremos de la transición de un tipo de discurso a otro? No está sometida a ninguna regla y es sumamente problemática. Decidirse por una posibilidad (continuación o cambio) significa ineludiblemente excluir otras posibilidades, que serían igualmente legítimas. Aquí surge el desacuerdo. Cualquier tipo de discurso que prefiramos, haremos con ello injusticia a otras opciones. Puesto que los tipos de discurso son sistemas de reglas autónomas e irreductible, no puede haber ningún hiperdiscurso capaz de poner a disposición una regla de decisión justa para tales desacuerdos. Por tanto, el desacuerdo permanece ineludible. Normalmente no es conocido como tal, sino que es tratado  como un mero conflicto jurídico (es decir, como un conflicto dentro de un tipo de discurso) y se decide según las reglas del partido más poderoso. El otro partido pasa a ser entonces víctima de sus exigencias legítimas, ocultas o no formulables, dentro del discurso dominante. Frente a esta situación, según Lyotard, hay que desarrollar una sensibilidad para fenómenos de desacuerdo, oponerse a las pretensiones hegemónicas del tipo victorioso de discurso, ayudar a que tengan lenguaje en nuevos idiomas los que carecen de él, y, en general, dar testimonio del desacuerdo. Esto es tarea de la literatura, de la filosofía y, lo posible, de la política. Lyotard une su tratado del desacuerdo con análisis detallados sobre Auschwitz, los dilemas argumentativos en los sofistas, Platón y Aristóteles, la teoría de la historia de Kant, la declaración de derechos humanos en la Revolución Francesa y sobre Hegel y Levinas. Inspirado por Wittgenstein, dirige su atención a los lugares de ruptura entre las proposicions, en las diferencias entre los sistemas preposicionales y en la heterogeneidad de los tipos de discurso. En contraposición a los modelos del consenso, Lyotard se esfuerza por desarrollar un pensamiento que sea capaz de tomar en consideración los desacuerdos insuperables y de resistir a todos los intentos de uniformar los tipos de discurso, entre ellos el capitalista. El autor, a semejanza de Adorno, aspira a la justicia frente a lo heterogéneo. Al modelo instrumental del lenguaje que se da en la tecnología de la información y en las concepciones antropocéntricas de la lengua, Lyotard contrapone una comprensión del lenguaje orientada por los sucesos imprevisibles. A este respecto, defiende con firmeza la peculiaridad de la filosofía frente a otras ciencias humanas. Filosofar, dice, no significa seguir una regla, sino proponerse a buscar reglas ocultas. La tarea de hacer que se exprese en el lenguaje lo no articulado, o dar testimonio de lo inefable, une el pensamiento posmoderno con el arte y la literatura modernos (…)” [1]

duchamp2

Aquí, una muestra de la relación entre la literatura y arte como derrumbamiento de los metarrelatos unívocos de la modernidad, desde el pensamiento de Lyotard. M. Duchamp. Rueda de bicicleta sobre un taburete, 1913

__________

[1] Del libro: Enciclopedia de obras de filosofía: Tomo 2 H-Q, editada por FRANCO VOLPI, trad. por RAÚL GABÁS,  Herder, España 2005

5 comentarios
  1. Ana dijo:

    Excelente blog…Realmente muy interesante… Ahora lo leeré más detenidamente…
    Saludos cordiales…

    Ana

  2. somacles dijo:

    Caray Ana!! qué bueno que le haya gustado, un afectuoso saludo hasta Argentina!!!

  3. Maria José dijo:

    Hola
    Tengo una duda ¿las citas de Welsch fueron extraídas de la Enciclopedia de obras de filosofía?
    Gracias!
    Y felicitaciones!

    • somacles dijo:

      En efecto, de ahí provienen varias citas. Gracias por las felicitaciones. Un cordial saludo.

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