Crítica y pasiones en Teoría Política


deleuzeNo hay cabida para la duda sobre la importancia capital de tratar los temas que atañen al ser político. Es tratar con un gigante de nuestra efímera existencia, pues pese a que nos encontramos acotados en el mundo y algún día hemos de morir, en vida se nos presenta un gran crisol de oportunidades de relacionarnos con las demás personas, por lo que en realidad, analizar detenidamente el poder, consiste en mucho, en la capacidad que tengamos en primer lugar, de entenderlo, y segundo, de lograr desenvolvernos en sociedad. Si apelamos por las definiciones, encontraremos un enorme rompecabezas que si lo vemos desde la arista del individuo, consiste en dos magnas piezas: la subjetivación y la objetivación, o en palabras unificadoras; la capacidad exitosa o no, de desenvolvernos como seres políticos.

Asimilar al poder no es fácil, requiere de cierto nivel de conciencia, por lo menos para aceptar el hecho de que en nuestras manos existe la potencialidad del desenvolvimiento de las ideas, reflejado en acciones sociales. La figura del líder es aquella persona que es consciente tanto de sus capacidades y logra transmitir y hacer objetivas sus ideas. No es falso cuando Aristóteles nos define como seres naturalmente políticos pues cada unos de nosotros contiene la semilla “en potencia” de desarrollarnos cual frondoso árbol. Por esto último, me parece que una de las grandes definiciones del poder es el la posibilidad. Poder es posibilidad.

Por supuesto que esta no es una versión dogmática en la medida que aceptamos la gran diversidad de experiencias, unas colectivas y otras no tanto, pero la esencia se mantiene en interiorizar el hecho de que la sociedad es uniforme en cuanto que cada persona contiene esa semilla aristotélica y a la vez heterogénea en le medida en que resaltan las diferencias de conciencia, que si relacionamos con el espíritu absoluto o ser en el tiempo, explicaría la riqueza cultural objetivada en los diversos arraigos, costumbres, tradiciones de las diversas sociedades. En este punto podríamos admitir que somos iguales y diversos al mismo tiempo, pero dependendiendo el cristal con que se mire, se pueden llegar a conclusiones que en el fondo son las mismas, pero que gracias a los sofismas o la incapacidad del lenguaje, pareciera que no podemos reconciliar. He aquí esbozado brevemente, una de las grandes ilusiones de la humanidad, aunque lo más curioso es que esto último  puede ser criticado y envuelto en la misma tela con la que se recubren los sagrados sofismas y antonomias que en mucho, benefician y perjudican a la sociedad.

Esto trae a colación el papel de la crítica y las pasiones en el desenvolvimiento político del ser humano. A lo largo de la Historia, hemos debatido, dialogado, creado conflictos y consensos de tal forma que pareciera avanzamos hacia una idea del “progreso”, misma que “pecó” de soberbia en el Siglo XIX. Así, la crítica es indispensable en cuando generadora de dudas, de incertidumbre y de fría espada que pone a prueba la razón con la que elocuentemente defendemos lo que parece la unívoca realidad. Es precisamente esta ambivalencia entre univocidad y equivocidad la es que es mediada por el desempeño de la crítica. Tenemos pues, tres elementos que interaccionan entre ellos para formar las ideas, a saber, una tesis, una antítesis y una síntesis, lo cual desde luego es a su vez, objeto de crítica. Pero también tomemos en cuenta un factor que se encuentra flotando entres estas tres cualidades, un factor que rodea con aire de misticismo y que dota de humanidad a nuestras ideas y realizaciones políticas, a saber, las pasiones, que en mucho, han sido registradas por la literatura, la pintura, la música y el arte. Pareciera que el arte se lleva muy bien con las pasiones… ¿y no es así? ¿El ser artístico no depende en gran medida de las pasiones? El historiador mexicano Julián Meza, afirma lo siguiente:

(…)vista de esta manera, la literatura no es sólo el dominio de lo imaginario y posee, por lo tanto, múltiples recursos para situarse más allá, o más acá, de su propio territorio. Esto explica el hecho de que la literatura sea capazde adentrarse, con relativa facilidad, en otros territorios: sueños, deseos, intercambios, energías, razones, locuras. Explica también el hecho de que, con frecuencia, sea capaz de observar a la sociedad con mayor detenimiento y perspicacia que las ciencias sociales, al pensamiento con mayor profundidad que algunos sistemas filosóficos, a los intercambios con mayor precisión que la economía, al arte que la estética, a las costumbres que la ética,a los sueños que el psicoanálisis. Artaud, Rabelais, Broch, Proust, Joyce, Musil están ahí para demostrarlo, al menos en lo que se refiere al pensamiento, las sociedades, los intercambios, las costumbres, las digestiones, las energías y los sueños. La empresa de Artaud en relación con el pensamiento sigue siendo un motivo de reflexión para quien se sitúa más allá de la conexión entre significante y significado: “Es esta antinomia entre mi facilidad profunda y mi exterior dificultad la que crea el tormento del que muero”. [1]

Quizás por ello el poder es considerado un arte, el arte de las pasiones humanas, o el arte de controlar y dejar ser a las mismas. No podríamos hablar de Teoría Política y sociedad sin entender cabalmente este punto. Existen pues, dos grandes pilares del ser en el tiempo en su acepción política (y me parece que en las demás acepciones también), que son el hombre analítico y el hombre pasional, ambos sumergidos en una gran diversidad y a su vez, con una tendecia a la unidad, a la unificación.

Estimados lectores, los jueves de Teoría Política, serán un interesante ejercicio de comprensión de las complejas y sencillas relaciones humanas. En estas líneas, se interesectarán frecuentemente la literatura, la música, el arte en general con el desarrollo de las acciones objetivas histórico-políticas. No pretendo recorrer desde los inicios las ideas políticas como a su vez haremos con los demás días de este blog, sino que aprovecharé para insertar nociones desde un punto de vista más actual, por supuesto siempre en estrecha correlación con el pasado, pero con el objetivo de entender el presente, por lo que espero me dispensen de no llevar una concatenació ncesariamente “lineal” en los temas elegidos para este día. Eso sí, les puedo asegurar que trataremos con el pensamiento de diversos actores teóricos y prácticos y aunque nuestro viaje no lleve un orden necesario explícito, me parece que en relación con los demás días, esto se compensa toda vez que implícitamente sintetizamos e interiorizamos el conocimiento en relación ya sea con nuestra reflexión o indiferencia.
Algunos pensadores que me llaman la atención (y espero los lectores propongan a su vez, pensadores de interés) son por supuesto los clásicos griegos (Aristóteles, Platón, Jenofonte, etc), romanos como Cicerón, escolásticos como San Agustín y Santo Tomás, modernos como Hobbes, Locke, ilustrados como Voltaire, Rosseau, Kant, románticos como Hegel, críticos agudos como Marx o Nietzsche,  hasta las más recientes corrientes de crítica filosófica y política como Deleuze (a propóito, él es el personaje de la única imágen de esta entrada), Gramsci, Laclau, Mouffe, Derrida, Zizek, Adorno, Morin, Althusser, Albert, Anders y un largo etcétera, en el que diversas opiniones se vierten en el río de la discusión, del conflicto y del consenso. Como no empezaré tratando a los clásicos griegos, me parece necesario apuntar con claridad cuál será el tema a desarrollar el próximo jueves, y creo que no es mala idea el haber seleccionado, una serie de pensadores críticos del Siglo XX, que opinan de la necesidad de repensar la existencia en relación con la crisis de la deconstrucción humana (otros también piensan que tenemos que aceptar nuestra falacia del conocimiento, algo que se cree en realidad nunca existió), que a su vez, se refleja en las manifestaciones artísticas y demás actos en sociedad. Es pues, este espacio, un lugar de análisis social y expresión pasional. Me gustaría terminar con la aclaración de que el objetivo no es presentar una visión Eurocentrista de la política, sino aprovechar su amplia base de reflexiones, para comprender en en complementariedad con las demás sociedades no occidentales, la univocidad o equivocidad de la política, del ser político, del ser pasional, del ser con poder, del ser humano.

[1] Citado de: Meza, Julián. La República de las pasiones, Revista Estudios, filosofía-historia-letras. México, Otoño 1984 en http://biblioteca.itam.mx/estudios/estudio/estudio01/sec_11.html

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